Cuando vi el tiempo de metraje de Expiación (Atonement), me sorprendió gratamente que solo fuera dos horas y cinco minutos. Este tipo de película, temía, suele alargarse muchísimo, convirtiendo algo interesante en un rollo letárgico.Es una lástima que Expiación esté tan bien fotografiada y producida, porque es como sentarse a una larga y desigual cena que, a diferencia que algunos de sus platos, tiene un pequeño y exquisito postre para el cual no dejaste lugar.
Expiación es un claro ejemplo de un director enamorado de su larguísimometraje, que no se deja convencer para cortarla. Convierte una historia que podría ser fascinante en algo demasiado prolongado y borroso. En algunas secuencias parece que estás presenciando un anuncio de Calvin Klein. Lo irónico es que si me hubiera ido diez minutos antes de su final, pensaría que era la más sobrevalorada del año.
Embelesado con sus dotes cinematográficos, el realizador Joe Wright insiste en ofrecer prolongadas escenas de un Dunquerque al borde de la catástrofe, de un agonizante soldado francés o de tres soldados en búsqueda de su unidad perdida. Los paralelismos con Salvando al soldado Ryan, El paciente inglés o Titanic a veces saltan muchísimo a la vista.
Creo que un mejor director hubiera abreviado y contado más con menos tiempo. Ah, y aunque los talentos cinematográficos de Wright son claros, no me explico cómo puede sacar tan poco guapa a la preciosa Keira Knightley, que siempre se las apaña para fruncir el ceño. Quizá pensaría que al director se le iba la mano.
