Los grandes cambios exigen enorme entrega, no solo de energía y recursos, sino de enfoque. Cuando uno se propone alterar la vida grandemente, la ilusión y ambición opacan un poco la visión e hinchan el optimismo.
Los últimos ocho meses no han sido nada fáciles, aunque he salido relativamente indemne y por ahora las cosas van bastante bien. No me debo quejar en ese renglón, pero al echar un vistazo a lo recorrido no pude evitar perder la perspectiva hace unas dos semanas. Cuando tienes la posibilidad de que el gobierno no prorrogue la estancia legal de tu pareja, que tu informal comprador-inquilino desaparezca del todo, una ridícula demanda de responsabilidad civil que te puede arruinar si un jurado así lo decide y aguantar las presiones de un largo día de trabajo, la situación puede aturdir un poco. Y eso que me va bien.
Soy en el fondo optimista, para lo cual me auxilio de mi abundante genética inconsciente. Pero a veces las cosas abruman y, muy de cuando en cuando, me entra la depre. He pasado 10 días sin mucho rumbo, meditando (algo) y precupándome (mucho). No me ha ayudado leerme una excelente crónica sobre la campaña rusa de Napoleón en 1812, donde su optimismo le intoxicó hasta desperdiciar oportunidades preciosas. Uno, salvando las distancias, no puede evitar paralelismos.
El lunes empecé a salir de mi túnel, y ya me siento mejor. Ya he cruzado de vuelta mi Niemen emocional. Ahora, a bloguear más a menudo y a vivir, que son dos días.
Los últimos ocho meses no han sido nada fáciles, aunque he salido relativamente indemne y por ahora las cosas van bastante bien. No me debo quejar en ese renglón, pero al echar un vistazo a lo recorrido no pude evitar perder la perspectiva hace unas dos semanas. Cuando tienes la posibilidad de que el gobierno no prorrogue la estancia legal de tu pareja, que tu informal comprador-inquilino desaparezca del todo, una ridícula demanda de responsabilidad civil que te puede arruinar si un jurado así lo decide y aguantar las presiones de un largo día de trabajo, la situación puede aturdir un poco. Y eso que me va bien.
Soy en el fondo optimista, para lo cual me auxilio de mi abundante genética inconsciente. Pero a veces las cosas abruman y, muy de cuando en cuando, me entra la depre. He pasado 10 días sin mucho rumbo, meditando (algo) y precupándome (mucho). No me ha ayudado leerme una excelente crónica sobre la campaña rusa de Napoleón en 1812, donde su optimismo le intoxicó hasta desperdiciar oportunidades preciosas. Uno, salvando las distancias, no puede evitar paralelismos.
El lunes empecé a salir de mi túnel, y ya me siento mejor. Ya he cruzado de vuelta mi Niemen emocional. Ahora, a bloguear más a menudo y a vivir, que son dos días.

Comentarios ( 1)
Frente a la desventura solo se me ocurren un par de alternativas, una es convertirse en un criminal "de perfil bajo", es decir vivir al margen de la legalidad, haciendo todo tipo de trampas - el amor justifica cualquier cosa - o abrazar la filosofia estoica, que no entiendo porque no está más de moda, con la cantidad de gente puteada que hay.
Por javier | 31 de Enero 2008 a las 09:21 AM