En Le Souk cenamos de maravilla. Como una paella de cuscus de esas que no parecen posible al leerlas en el menú pero que luego son una gozada. Y el entorno es íntimo, personal. Aunque me cuentan que suele estar lleno, no hay tanta gente.
Dimos un paseo por la Pequeña Italia, que logra atraer al poquísimo turismo de Nochebuena que tiene Nueva York. Con lucecitas y restaurantes semivacíos, da gusto recorrer sus calles.
Después una vueltecita por el Rockefeller Center y su árbol. Pensábamos que iba a estar vacío a las 8:30 de una Nochebuena, pero no cabía un alfiler. De hecho la policía acordonó los pasos de cebra de la Quinta Avenida para que la gente no cruzara en verde (en la foto). San Patricio, cerrada; no sé si tuvieron misa de gallo. Otro periplo por Quina Avenida hacia arriba, con muchos peatones y luego a coger el metro en Lexington y la 63 para volver a casita. En total anduvimos más de seis kilómetros.
Sacamos fotos de varios escaparates navideños. Pese a la mala luz y al límite del equipo, no salieron del todo mal.

Comentarios ( 1)
A si a bote pronto, lo de cenar con la pareja en un restaurante el día de Nochebuena, suena "muy fuerte". Es como si ninguno de los dos puediera o quisiera tirar de familia. Malditos convencinalismos
Por javier | 26 de Diciembre 2007 a las 07:00 AM