Por primera vez en casi 56 años, Estados Unidos entra en un ciclo preelectoral sin un claro favorito en ninguno de ambos partidos.
Los dos líderes que parecían ungidos hace un año, Hillary Clinton y Rudy Giuliani, han tenido numerosos problemas, aunque el último mucho más que la primera.
La robótica campaña triunfalista de Hillary se encontró con un escollo inesperado de Barack Obama, que le ha hecho guerra de guerrillas en las Asambleas de Iowa y podría arrebatarle la carrerilla que necesita para la más tradicional primaria de Nueva Hampshire.
Las asambleas o Caucus de Iowa no son unos comicios normalitos, como lo son las primarias. Primero, los partidistas se reúnen en una asamblea (suele ser un gimnasio escolar), y se agrupan según su preferencia. Si las puertas abren a las 9 de la mañana, a las 9:30 los grupos ya tienen que estar organizados.
Los grupitos entonces se convierten en mercado electoral: durante otra media hora, cada facción intenta convencer a sus vecinos que su candidato es el mejor. Al concluir, el jefe de la mesa cuenta los grupos. Según el número de delegados que elija cada jurisdicción, se establece un umbral de mínimos. Si el grupo de cierto candidato está por debajo del umbral (suele ser el 15 por ciento, pero en algunas mesas más pequeñas es del 25 por ciento).
Entonces vuelve el enjambre. Los que apoyaban a los candidatos que tenían menos números del umbral tienen que adherirse a los que tienen más votos. Una vez más se cuentan los votos, aunque esta vez será definitiva. Al final, el concepto de unas elecciones breves se tira por la ventana, al igual que el del sufragio secreto.
Este procedimiento ayuda a Hillary (sólo los partidistas de pro suelen dedicar una mañana o tarde a este procedimiento), al igual que al fundamentalista Huckabee. Pero a Obama le puede favorecer otra tendencia: los partidarios de candidatos menores, como Richardson, Dodd y Biden, le favorecen mucho más. Si tienen que desgajarse de su minoría, su segunda preferencia es Obama.
En el campo demócrata no hay ninguna incertidumbre de quiénes serán los tres finalistas: Clinton, Edwards y Obama. Pero si el último no sale a la cabeza, ay de él. Sin esa victoria que parecía estar en sus manos, la fuerza centrífuga mediática que brinda la victoria vería cómo descienden sus velas. Por ahora Hillary se agarra a una tenue ventaja en Nueva Hampshire, pero Obama sigue avanzando. De ganar en Iowa, sería una batalla campal y la senadora no puede permitirse el lujo de perder ambas contiendas.
Pero los republicanos no lo tienen nada claro. Giuliani ha sido eclipsado, primero por Romney y luego por Huckabee. Si este último gana Iowa, como parece que así será, una victoria pírrica de McCain en Nueva Hampshire podría lograr que el partido republicano entre en convulsiones. McCain es odiado por el ala oficialista y antiinmigrante, mientras Huckabee es considerado demasiado panderetero.
La tercera contienda en Nevada quizá dé la victoria a Giuliani, y a partir de ahí se armaría la marimorena, porque Romney ganaría la cuarta primaria, la de Michigan. Cuatro ganadores distintos en menos de 16 días. El partido republicano de repente descubre que es imposible contentar a su sector más fundamentalista y a la vez al más militarista y pro empresarial. Será un enero muy interesante.
Los dos líderes que parecían ungidos hace un año, Hillary Clinton y Rudy Giuliani, han tenido numerosos problemas, aunque el último mucho más que la primera.
La robótica campaña triunfalista de Hillary se encontró con un escollo inesperado de Barack Obama, que le ha hecho guerra de guerrillas en las Asambleas de Iowa y podría arrebatarle la carrerilla que necesita para la más tradicional primaria de Nueva Hampshire.
Las asambleas o Caucus de Iowa no son unos comicios normalitos, como lo son las primarias. Primero, los partidistas se reúnen en una asamblea (suele ser un gimnasio escolar), y se agrupan según su preferencia. Si las puertas abren a las 9 de la mañana, a las 9:30 los grupos ya tienen que estar organizados.
Los grupitos entonces se convierten en mercado electoral: durante otra media hora, cada facción intenta convencer a sus vecinos que su candidato es el mejor. Al concluir, el jefe de la mesa cuenta los grupos. Según el número de delegados que elija cada jurisdicción, se establece un umbral de mínimos. Si el grupo de cierto candidato está por debajo del umbral (suele ser el 15 por ciento, pero en algunas mesas más pequeñas es del 25 por ciento).
Entonces vuelve el enjambre. Los que apoyaban a los candidatos que tenían menos números del umbral tienen que adherirse a los que tienen más votos. Una vez más se cuentan los votos, aunque esta vez será definitiva. Al final, el concepto de unas elecciones breves se tira por la ventana, al igual que el del sufragio secreto.
Este procedimiento ayuda a Hillary (sólo los partidistas de pro suelen dedicar una mañana o tarde a este procedimiento), al igual que al fundamentalista Huckabee. Pero a Obama le puede favorecer otra tendencia: los partidarios de candidatos menores, como Richardson, Dodd y Biden, le favorecen mucho más. Si tienen que desgajarse de su minoría, su segunda preferencia es Obama.
En el campo demócrata no hay ninguna incertidumbre de quiénes serán los tres finalistas: Clinton, Edwards y Obama. Pero si el último no sale a la cabeza, ay de él. Sin esa victoria que parecía estar en sus manos, la fuerza centrífuga mediática que brinda la victoria vería cómo descienden sus velas. Por ahora Hillary se agarra a una tenue ventaja en Nueva Hampshire, pero Obama sigue avanzando. De ganar en Iowa, sería una batalla campal y la senadora no puede permitirse el lujo de perder ambas contiendas.
Pero los republicanos no lo tienen nada claro. Giuliani ha sido eclipsado, primero por Romney y luego por Huckabee. Si este último gana Iowa, como parece que así será, una victoria pírrica de McCain en Nueva Hampshire podría lograr que el partido republicano entre en convulsiones. McCain es odiado por el ala oficialista y antiinmigrante, mientras Huckabee es considerado demasiado panderetero.
La tercera contienda en Nevada quizá dé la victoria a Giuliani, y a partir de ahí se armaría la marimorena, porque Romney ganaría la cuarta primaria, la de Michigan. Cuatro ganadores distintos en menos de 16 días. El partido republicano de repente descubre que es imposible contentar a su sector más fundamentalista y a la vez al más militarista y pro empresarial. Será un enero muy interesante.

Comentarios ( 2)
El sistema electoral americano - de larga tradicción histórica- me parece incomprensible, es más creo que las verdaderas elecciones se celebran ahora, y no veo por ningún lado a los votantes. Parece una componenda, o cruce de favores. Unos pocos decidiendo el futuro de muchos. Luego todo es a plato hecho. Dos personas elegibles que apenas se diferencian entre ellas, aunque a algunos ingenuos les parezca lo contrario.
Por javier | 26 de Diciembre 2007 a las 09:41 AM
Lo más decepcionante del sistema electoral NORTEAMERICANO, es que el voto más importante es una especie de premio de consolación. Es como ganar el título de Miss Simpatía en un concurso de belleza. Todas te quieren, pero el título no sirve de nada (y no es que los certámenes tengan alguna utilidad, más que la de exponer sobre la pasarela la importancia de la paz mundial). El voto popular es una bonita estadística que no cuenta.
Es irónico que en estos procesos, las "repúblicas bananeras" muestren más "sabiduría" al basar su sistema electoral en el voto directo.
Por ROS | 27 de Diciembre 2007 a las 04:03 PM