Tardo casi 40 minutos en taxi en llegar al aeropuerto O'Hare, el principal de Chicago. Hago fila durante más de 20 minutos para el detector de armas, y de paso ayudo a un señor. El viajero se quedó con cara de panoli cuando el policía le dijo que no podía avanzarle en la cola, pero que si uno de los que iban delante le permitían pasar, por él encantado.
No hizo nada, puso cara de circunstancias y no sé muy bien por qué, intervine:
- ¿Cuándo sale su vuelo?
- En 15 minutos (mirando a una cola de por lo menos 20 minutos).
- (Dirigiéndome a la primera persona en la cola): Señora, su vuelo sale dentro de poco, y si no le deja pasar lo perderá, ¿sería tan amable?
- Sí, por supuesto.
Pongo esto porque es muy poco común en mí pedir las cosas, sobre todo si son para mí. Pero si son para terceros no me cuesta tanto. Y no sé si la señora accede sin pensárselo porque tengo un tono firme o porque se da cuenta que abogo por otro.
Total, que paso y luego a esperar. Me toca el registro aleatorio. Varios agentes de seguridad tienen que registrar el equipaje de un viajero al azar. Abro mi maletín para aligerar el trámito y la agente me pide que lo cierre. Tras cerrarlo, lo abre ella. Iba a decir algo, pero lo que quiero es salir en cuanto antes.
Entonces me preguntan que si tengo una cuchilla y contesto que sí. Cara de consternación, como si les hubiera dicho que tengo goma dos o trilita. ¿Pero de afeitar? Sí, de afeitar. ¿Desechable? Sí, desechable. Me miran con ojos de sospecha plena, casi soviéticos. Llaman al supervisor para preguntarle. ¿Se permitem cuchillas a bordo? Claro, contesta. es de afeitar, ¿no? Lo confirmo.
Y estas personas están a cargo de la seguridad. Al enterarse que sí puedo pasar cierran el neceser y la maletita. No han registrado nada. O sea que esperan que el prototerrorista confiese que tiene algo ilícito.
El vuelo está atiborrado, ya no cabe un alfiler en los compartimentos superiores y con el sobrecargo tenemos que limpiar y ajustar las cosas. Me paso más de 45 minutos de pie, entre la fila de embarque y la colocación de mi maleta. Después en el pasillo, nos toca esperar para que se despeje la tormenta de nieve en el Aeropuerto de LaGuardia. Estoy en un asiento de pasillo, se me hace todo perpetuo. Ya se me han quitado las ganas de volver a Chicago o a cualquier otra ciudad en avión. Sólo quiero llegar a casa y abrazar a Carlos.
P.D. Al llegar a LaGuardia, tuvimos que esperar más de media hora para conseguir puerta de embarque. Qué engorroso.
No hizo nada, puso cara de circunstancias y no sé muy bien por qué, intervine:
- ¿Cuándo sale su vuelo?
- En 15 minutos (mirando a una cola de por lo menos 20 minutos).
- (Dirigiéndome a la primera persona en la cola): Señora, su vuelo sale dentro de poco, y si no le deja pasar lo perderá, ¿sería tan amable?
- Sí, por supuesto.
Pongo esto porque es muy poco común en mí pedir las cosas, sobre todo si son para mí. Pero si son para terceros no me cuesta tanto. Y no sé si la señora accede sin pensárselo porque tengo un tono firme o porque se da cuenta que abogo por otro.
Total, que paso y luego a esperar. Me toca el registro aleatorio. Varios agentes de seguridad tienen que registrar el equipaje de un viajero al azar. Abro mi maletín para aligerar el trámito y la agente me pide que lo cierre. Tras cerrarlo, lo abre ella. Iba a decir algo, pero lo que quiero es salir en cuanto antes.
Entonces me preguntan que si tengo una cuchilla y contesto que sí. Cara de consternación, como si les hubiera dicho que tengo goma dos o trilita. ¿Pero de afeitar? Sí, de afeitar. ¿Desechable? Sí, desechable. Me miran con ojos de sospecha plena, casi soviéticos. Llaman al supervisor para preguntarle. ¿Se permitem cuchillas a bordo? Claro, contesta. es de afeitar, ¿no? Lo confirmo.
Y estas personas están a cargo de la seguridad. Al enterarse que sí puedo pasar cierran el neceser y la maletita. No han registrado nada. O sea que esperan que el prototerrorista confiese que tiene algo ilícito.
El vuelo está atiborrado, ya no cabe un alfiler en los compartimentos superiores y con el sobrecargo tenemos que limpiar y ajustar las cosas. Me paso más de 45 minutos de pie, entre la fila de embarque y la colocación de mi maleta. Después en el pasillo, nos toca esperar para que se despeje la tormenta de nieve en el Aeropuerto de LaGuardia. Estoy en un asiento de pasillo, se me hace todo perpetuo. Ya se me han quitado las ganas de volver a Chicago o a cualquier otra ciudad en avión. Sólo quiero llegar a casa y abrazar a Carlos.
P.D. Al llegar a LaGuardia, tuvimos que esperar más de media hora para conseguir puerta de embarque. Qué engorroso.

Comentarios ( 1)
lo peor es cuando vas para una entrevista que podías hacer facilmente por télefono y con pantalla
Por javier | 16 de Diciembre 2007 a las 04:10 AM