Hace seis meses cruzamos el puente George Washington y llegamos a Nueva York con nuestros bártulos a cuestas. Muchas cosas han pasado desde entonces, por algo existen los imprevistos. Pero miro este medio año de adaptación con orgullo.
Hoy por hoy echo de menos a mi familia, amistades, compañeros de trabajo, y por supuesto, a mi ray of sunshine, Rebeca. De poder cambiar algo, hubiera hecho otros arreglos para mi casa en Miami y quizá hubiera elegido una parte de Queens distinta a la que vivimos ahora, más cerca de Manhattan.
Aparte de eso, hoy por hoy no cambiaría nada más. Nos hemos sumergido en esta ciudad que por ahora nos encanta, y 26 semanas más tarde seguimos con el ánimo bastante alto. Quizá parte de ello sea que no vivimos en el intenso Manhattan y que yo no trabajo en la ciudad, sino en las afueras. También me supongo que figura en alguna parte de la ecuación que hemos elegido dónde vivir y con quién, y dónde trabajar. Al no haber obligación en el tema, lo hemos aceptado mejor.
Sé que se nos acerca el invierno, y que en cierta parte será como el coco que se cierna sobre nosotros. Pero ya estaba hasta las narices del calor. Parece muy bueno tener el aire acondicionado encendido 10 meses al año, pero me cansó. Aquí hemos tenido un verano bastante intenso, pero muchos días en los cuales no hizo más de 25 grados. Hemos hecho como seis o siete meriendas al aire libre durante el verano, algo insólito en Miami.
Todo esto es bastante subjetivo (hasta ahora sólo ha habido una persona que interprete mis escritos como la VERDAD ABSOLUTA en lugar de un punto de vista más, aunque lo hizo con la habitual alevosía y mala leche a la cual me tiene acostumbrado) y puede cambiar. Quizá al llegar al año la ciudad me siga gustando, quizá el invierno me desborde.
Para Carlos la ecuación es más complicada, después de no haber salido de México desde su niñez, le ha tocado vivir en dos ciudades muy distantes y distintas a la suya.
Sólo puedo resumir que al haber vivido el cambio, me he dado cuenta de lo apoltronado y petrificado que estaba en Miami.
Hoy por hoy echo de menos a mi familia, amistades, compañeros de trabajo, y por supuesto, a mi ray of sunshine, Rebeca. De poder cambiar algo, hubiera hecho otros arreglos para mi casa en Miami y quizá hubiera elegido una parte de Queens distinta a la que vivimos ahora, más cerca de Manhattan.
Aparte de eso, hoy por hoy no cambiaría nada más. Nos hemos sumergido en esta ciudad que por ahora nos encanta, y 26 semanas más tarde seguimos con el ánimo bastante alto. Quizá parte de ello sea que no vivimos en el intenso Manhattan y que yo no trabajo en la ciudad, sino en las afueras. También me supongo que figura en alguna parte de la ecuación que hemos elegido dónde vivir y con quién, y dónde trabajar. Al no haber obligación en el tema, lo hemos aceptado mejor.
Sé que se nos acerca el invierno, y que en cierta parte será como el coco que se cierna sobre nosotros. Pero ya estaba hasta las narices del calor. Parece muy bueno tener el aire acondicionado encendido 10 meses al año, pero me cansó. Aquí hemos tenido un verano bastante intenso, pero muchos días en los cuales no hizo más de 25 grados. Hemos hecho como seis o siete meriendas al aire libre durante el verano, algo insólito en Miami.
Todo esto es bastante subjetivo (hasta ahora sólo ha habido una persona que interprete mis escritos como la VERDAD ABSOLUTA en lugar de un punto de vista más, aunque lo hizo con la habitual alevosía y mala leche a la cual me tiene acostumbrado) y puede cambiar. Quizá al llegar al año la ciudad me siga gustando, quizá el invierno me desborde.
Para Carlos la ecuación es más complicada, después de no haber salido de México desde su niñez, le ha tocado vivir en dos ciudades muy distantes y distintas a la suya.
Sólo puedo resumir que al haber vivido el cambio, me he dado cuenta de lo apoltronado y petrificado que estaba en Miami.

Comentarios ( 2)
Se suele decir que cada uno elige su propio destino, yo no acabo de creermelo, el drstino te elige a ti. En todo caso NY, como todas las megaciudades, parece el escenario de la gran batalla, y es cierto que de algunas se sale victorioso y fortalecido, pero te dejas tantas energías que solo el paso del tiempo te permitirá saber si ha valido la pena. También hay mucho condecorado en silla de ruedas
Por JAVIER | 3 de Noviembre 2007 a las 06:18 AM
Se suele decir que cada uno elige su propio destino, yo no acabo de creermelo, el destino te elige a ti. En todo caso NY, como todas las megaciudades, parece el escenario de la gran batalla, y es cierto que de algunas se sale victorioso y fortalecido, pero te dejas tantas energías que solo el paso del tiempo te permitirá saber si ha valido la pena. También hay mucho condecorado en silla de ruedas
Por JAVIER | 3 de Noviembre 2007 a las 06:18 AM