Lo peor de llevar años advirtiendo sobre el estallido de una burbuja inmobiliaria es que cuando de verdad ocurre, espanta la magnitud. Hace unos tres años tuve una conversación con alguien que vivía en Key Biscayne, un municipio en plena Bahía de Biscayne que se conecta al resto de Miami mediante un largo puente. Es famoso por ser la residencia de Richard Nixon y Raphael, y se le considera bastante exclusivo.
Discutimos sobre lo insostenible que era el alza de precios de la propiedad y comenté que tarde o temprano bajarían. Me comentó que en Key Biscayne era imposible, porque era una isla y no había terrenos donde construir. En todo caso, vaticinó, permanecerían congelados por algunos años.
Acabo de hacer una revisión de los precios del catastro. Aunque pueden haber fluctuaciones en la zona, el número de compraventas es suficientemente alto como para aceptar la comparación. En 2006, el metro cuadrado de Key Biscayne estaba a $7.384. Hasta ahora, el metro cuadrado está a $6.566, un 11 por ciento menos.
Pero la cifra no refleja la crisis. En los tres años anteriores, se registraban unas 10 compraventas mensuales. Entre septiembre y octubre de este año, cuatro compraventas en total. La mayor caída entre ambos años ha sido del precio de la vivienda unifamiliar: de 8.912 dólares el metro cuadrado a 7.771 en cuestión de un año.
Jan Hatzius, economista en jefe de Goldman Sachs, acaba de emitir un panorama desolador: Estados Unidos tiene un 40 por ciento de posibilidad de caer en recesión completa (o crisis económica total, vamos) en 2008.
La burbuja inmobiliaria, una política fiscal irrisible, el endeudamiento público acelerado y un dólar en franca decadencia serían los impulsores. Y si la Reserva Federal no se pone las pilas, la caída de los precios de la propiedad, vaticina Hatzius, sería de un 30 por ciento nacional en un promedio, y quizá hasta el doble en Florida.
La agencia First American Corelogic calcula que a finales de 2006, un seis por ciento de las hipotecas estadounidenses estaban con plusvalía «negativa», o sea, que el valor de mercado de la vivienda era inferior al saldo de la hipoteca. Casi una cuarta parte de las hipotecas estarían en esta categoría si el precio promedio descendiera en un 20 por ciento más. De repente mucha gente se acordará que un bien inmobiliario sólo vale lo que alguien esté dispuesto a pagar. Y muchos de los nuevos compradores de los dos últimos años, empujados por un temor a una alza mayor en el mercado, se darán cuenta que es más fácil ejecutar una hipoteca que seguir pagándola con el agua hasta el cuello.
Aquí habrá mucha mierda que repartir, pero la desmemoria, avaricia y el abandono de toda lógica se llevan buena parte de la culpa.
Discutimos sobre lo insostenible que era el alza de precios de la propiedad y comenté que tarde o temprano bajarían. Me comentó que en Key Biscayne era imposible, porque era una isla y no había terrenos donde construir. En todo caso, vaticinó, permanecerían congelados por algunos años.
Acabo de hacer una revisión de los precios del catastro. Aunque pueden haber fluctuaciones en la zona, el número de compraventas es suficientemente alto como para aceptar la comparación. En 2006, el metro cuadrado de Key Biscayne estaba a $7.384. Hasta ahora, el metro cuadrado está a $6.566, un 11 por ciento menos.
Pero la cifra no refleja la crisis. En los tres años anteriores, se registraban unas 10 compraventas mensuales. Entre septiembre y octubre de este año, cuatro compraventas en total. La mayor caída entre ambos años ha sido del precio de la vivienda unifamiliar: de 8.912 dólares el metro cuadrado a 7.771 en cuestión de un año.
Jan Hatzius, economista en jefe de Goldman Sachs, acaba de emitir un panorama desolador: Estados Unidos tiene un 40 por ciento de posibilidad de caer en recesión completa (o crisis económica total, vamos) en 2008.
La burbuja inmobiliaria, una política fiscal irrisible, el endeudamiento público acelerado y un dólar en franca decadencia serían los impulsores. Y si la Reserva Federal no se pone las pilas, la caída de los precios de la propiedad, vaticina Hatzius, sería de un 30 por ciento nacional en un promedio, y quizá hasta el doble en Florida.
La agencia First American Corelogic calcula que a finales de 2006, un seis por ciento de las hipotecas estadounidenses estaban con plusvalía «negativa», o sea, que el valor de mercado de la vivienda era inferior al saldo de la hipoteca. Casi una cuarta parte de las hipotecas estarían en esta categoría si el precio promedio descendiera en un 20 por ciento más. De repente mucha gente se acordará que un bien inmobiliario sólo vale lo que alguien esté dispuesto a pagar. Y muchos de los nuevos compradores de los dos últimos años, empujados por un temor a una alza mayor en el mercado, se darán cuenta que es más fácil ejecutar una hipoteca que seguir pagándola con el agua hasta el cuello.
Aquí habrá mucha mierda que repartir, pero la desmemoria, avaricia y el abandono de toda lógica se llevan buena parte de la culpa.

Comentarios ( 1)
Siempre se ha dicho que la inversión en bienes raíces era la única inversión segura, en contraposición a la inversión bursátil, volátil y solo para enterados, pero la situación actual ha puesto de manifiesto que eso tampoco es cierto. La crisis se está llevando el dinero de todos - véase bancos, bancos de inversión, inversores particulares etc.., Me gustaría saber donde están los "listos" ahora, o es que nunca los hubo, solo farsantes manejando el dinero de los demás.
Al final va a ser cierto el dicho que atribuyen a Woody Allen. "Un broker es un señor que invierte tu dinero hasta que no queda nada "
Por javier | 1 de Diciembre 2007 a las 05:54 AM