Hoy es noche de elecciones en Long Island y estoy trabajando hasta muy entrada la noche. Llevo once años cubriendo o participando en elecciones, y aunque pesadas (las urnas cierran aquí a las 9 de la noche; quien haya implementado ese horario le tiene tirria a los periodistas), creo que la de esta noche va a ser la más sencillita de todas.
Hace once años me recorrí medio Miami entre dos centros de campaña para dos candidatos. Al final de la noche, ya cansadísimo, llegué a casa con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Mi gozo no tardó mucho en llegar al pozo. A la mañana siguiente me di cuenta que cortaron mi resultado del periódico porque no había espacio y tuve la mala pata de reportar sobre el último distrito numérico, que fue el que estaba al final del artículo.
El editor le dio tijera y mis párrafos se quedaron fuera, casi me da un infarto. Cuando monté en furia, uno de los editores de mesa más sabios que he conocido, el difunto Antonio Bosch, me dijo que escribiera todo en una carta, con el mayor detalle posible, y que entonces la rompiera.
La más angustiosa fue la de hace tres años, cuando Kerry decidió no admitir su derrota en Ohio. Creo que salí de la redacción pasadas las cinco y con la incertidumbre colgada del hombro.
Creo que lo más emocionante es sentir la energía de la noche, cuando empiezan a entrar los primeros resultados. Llegas a casa hecho polvo, pero hoy por hoy me parece uno de los gozos de ser periodista.
Hace once años me recorrí medio Miami entre dos centros de campaña para dos candidatos. Al final de la noche, ya cansadísimo, llegué a casa con la satisfacción de un trabajo bien hecho. Mi gozo no tardó mucho en llegar al pozo. A la mañana siguiente me di cuenta que cortaron mi resultado del periódico porque no había espacio y tuve la mala pata de reportar sobre el último distrito numérico, que fue el que estaba al final del artículo.
El editor le dio tijera y mis párrafos se quedaron fuera, casi me da un infarto. Cuando monté en furia, uno de los editores de mesa más sabios que he conocido, el difunto Antonio Bosch, me dijo que escribiera todo en una carta, con el mayor detalle posible, y que entonces la rompiera.
La más angustiosa fue la de hace tres años, cuando Kerry decidió no admitir su derrota en Ohio. Creo que salí de la redacción pasadas las cinco y con la incertidumbre colgada del hombro.
Creo que lo más emocionante es sentir la energía de la noche, cuando empiezan a entrar los primeros resultados. Llegas a casa hecho polvo, pero hoy por hoy me parece uno de los gozos de ser periodista.

Comentarios ( 1)
Cuando te vinculas emocionalmente con algún acontecimiento, puedes llegar a pensar que formas parte de "eso", y asumir el exito o el fracaso de tus preferencias como si te fueran a elegir a ti. Nada de eso es cierto, sigues donde estabas, para mal o para bien.
Por JAVIER | 7 de Noviembre 2007 a las 03:58 AM