Si los que me conocen tuvieran que pensar en 100 calificativos para definirme, «a la moda» no sería uno de ellos, salvo en la construcción «no tiene idea de la moda». Carlos, fashionista total, al principio me decía que mi planteamiento antifashion era de por sí un estilo, pero luego cedió la vehemencia del primer romance y ahora se limita a vetar mis colores cuando le pido opinión (el morado brillante, señala, NO).
O sea que durante años, en cualquier empleo, ir de pantalones vaqueros y camisa de manga larga ya estaba bien. Y si me ponía zapatillas de ténis (preatadas, por supuesto), ya con eso bastaba. Mi ritual preparativo cada mañana tropical era por lo general de 15 minutos, incluyendo la ducha.
Pero con el invierno la cosa cambia. Al salir de la ducha no sólo me tengo que preocupar de la ropa interior y camisa, sino del jersey, la bufanda, el abrigo y el gorro. Próximamente en dos semanas, los guantes y las botas. Engorroso.
Ya tengo mis truquitos, mientras espero el ascensor me ajusto las zapatillas (casi nunca entran del todo en un tirón) y me abrocho el abrigo.
Y los preparativos de salida del trabajo me pillan desprevenido. Me entran las ganas de irme, pero luego no calculo lo que me va a llevar ir hasta el perchero y sacar mi abrigo y bufanda. Ayer perdí el tren por no tener los dos minutos de más en cuenta.
Eso sí, por ahora no me ato y desato las zapatillas todos los días. La única concesión a mi atuendo «gerencial» es ponerme un pantalón de vestir. Ya la corbata ha quedado en el pasado.
O sea que durante años, en cualquier empleo, ir de pantalones vaqueros y camisa de manga larga ya estaba bien. Y si me ponía zapatillas de ténis (preatadas, por supuesto), ya con eso bastaba. Mi ritual preparativo cada mañana tropical era por lo general de 15 minutos, incluyendo la ducha.
Pero con el invierno la cosa cambia. Al salir de la ducha no sólo me tengo que preocupar de la ropa interior y camisa, sino del jersey, la bufanda, el abrigo y el gorro. Próximamente en dos semanas, los guantes y las botas. Engorroso.
Ya tengo mis truquitos, mientras espero el ascensor me ajusto las zapatillas (casi nunca entran del todo en un tirón) y me abrocho el abrigo.
Y los preparativos de salida del trabajo me pillan desprevenido. Me entran las ganas de irme, pero luego no calculo lo que me va a llevar ir hasta el perchero y sacar mi abrigo y bufanda. Ayer perdí el tren por no tener los dos minutos de más en cuenta.
Eso sí, por ahora no me ato y desato las zapatillas todos los días. La única concesión a mi atuendo «gerencial» es ponerme un pantalón de vestir. Ya la corbata ha quedado en el pasado.

Comentarios ( 2)
Entiendo que ser un fashion victim implica una cierta falta de autoestima, pero creo que es mucho peor ser un hortera total, incluso, en los peores casos, puede significar una preocupante negacion del "yo".
Por javier | 1 de Diciembre 2007 a las 06:07 AM
Entiendo que ser un fashion victim implica una cierta falta de autoestima, pero creo que es mucho peor ser un hortera total, incluso, en los peores casos, puede significar una preocupante negación del "yo".
Por javier | 1 de Diciembre 2007 a las 06:17 AM