Hace exactamente dos años me monté en un avión para irme a México para conocer a Carlos en persona. Lo que había empezado como una tenue amistad cibernética se había convertido en algo más intenso tras mi separación con mi ex, y tirando la lógica y convención por la ventana, decidí intentar la difícil aventura.
Si en aquel instante en el que aterricé en el Aeropuerto Internacional Miguel Hidalgo de Guadalajara (la de Jalisco, no la «original» de Castilla-La Mancha) me hubieran dicho que dos años más tarde íbamos a estar viviendo juntos en Nueva York y de lo más feliz, me hubiera reído por lo inverosímil.
Pero aquí estamos, en un desafío más oblicuo de la lógica. Nos va muy bien a veces porque evitamos esa característica a la cual me había aferrado durante más de una década: la lógica aparente. Es una virtud muy sensata y por lo general bastante útil, pero de haberla empleado con Carlos no estaríamos ninguno de los dos aquí. Y mucho menos juntos.
Si en aquel instante en el que aterricé en el Aeropuerto Internacional Miguel Hidalgo de Guadalajara (la de Jalisco, no la «original» de Castilla-La Mancha) me hubieran dicho que dos años más tarde íbamos a estar viviendo juntos en Nueva York y de lo más feliz, me hubiera reído por lo inverosímil.
Pero aquí estamos, en un desafío más oblicuo de la lógica. Nos va muy bien a veces porque evitamos esa característica a la cual me había aferrado durante más de una década: la lógica aparente. Es una virtud muy sensata y por lo general bastante útil, pero de haberla empleado con Carlos no estaríamos ninguno de los dos aquí. Y mucho menos juntos.

Comentarios ( 1)
El amor es el motor de nuestras vidas, lo jodido es que simpre es una incognita su evolución. Siempre que queremos a nuestras parejas deseamos que "sea así siempre", pero si hemos tenido varias es porque no ha sucedido lo que deseabamos, y no valen de nada los "manidos argumentos" de que el amor hay que regarlo, etc, cuando se acaba se acaba.
Por javier | 3 de Septiembre 2007 a las 05:50 AM