A veces es difícil entender el alcance de la burbuja inmobiliaria sin poner un ejemplo concreto. Pongamos el de una persona cuyo nombre de pila es Jane. Jane compró una vivienda hace casi dos años, el 13 de octubre de 2005, por 661.000 dólares.
La casa tiene unos 120 metros cuadrados y está en Silver Springs, en las afueras de Washington. Salvo las amenidades comunes de la zona (chimenea, suelos de parqué), la vivienda no tiene nada del otro mundo, pero posiblemente la compró Jane con un ojo puesto en la reventa: su precio se había más que duplicado en menos de cinco años. Quizá le pareció un negocio irresistible.
Pero entonces empezaron a bajar los precios. A principios de febrero, con menos de 16 meses de propiedad, Jane puso a la venta la vivienda por 699.000 dólares. No hubo compradores y poco después tuvo que bajar el precio a 689.000. Al mes y medio, le quitó 9 mil dólares a su precio. No la vendió.
Ya a mediados de abril, me imagino que presa de la desesperación, el precio de venta fue rebajado a 669.000. Pero en un mercado saturado, con bajos puntos de interés o no, las propiedades no se venden. Tres semanas más tarde, una Jane resignada puso el precio de venta a 659.000, significando que se tendría que tragar cierta pérdida. Pero aún así, nadie compró.
Jane sigue bajando el precio de la propiedad, unos 10 mil dólares cada dos semanas. Su precio de venta actual es de 589.000 dólares. Una pérdida de 62.000 dólares o casi el 10 por ciento de como la compró hace un año, en el cenit de la burbuja. Lo peor de todo es que todavía nadie compra.
Hagamos números a groso modo (no quiere decir que todo lo que voy a calcular se ciña a la situación de Jane ni mucho menos, pero seremos ilustrativos). Supongamos que muy generosamente Jane obtuvo una hipoteca con el 80 por ciento del valor de la propiedad a una tasa de interés anual del 6 por ciento (ambas suposiciones son bastante generosas). La mensualidad sería de 3.208,79 dólares al mes. Eso no incluye los impuestos (este año serán de 2.800 dólares, según la web del catastro del condado).
El ingreso per cápita de Maryland es de 31.888 dólares al año brutos (o sea, antes de ser deducidos los impuestos). ¿Por qué no casa todo esto? En 2000, cuando la vivienda de Jane fue comprada en 279.000, los ingresos per cápita de Maryland eran de 25,614 dólares. O sea que en seis años han aumentado en un 24 por ciento. No está nada mal, pero Jane apostó que el aumento en el precio de su vivienda del 237 por ciento durante ese mismo plazo se mantuviera y sumara.
Por ahora ha perdido esa apuesta, lo que da tres opciones a Jane:
1. Seguir bajando el precio, a ver si alguien pica. Pero esto representaría una pérdida enorme de por sí.
2. Abandonar la casa y que el banco ejecute la hipoteca.
3. Aguantar el tirón y esperar a que el mercado vuelva a subir (en unos dos años). Esta ha sido la táctica en mercados cuyas burbujas estallaron anteriormente, como Los Ángeles y Houston.
A juzgar por las reducciones extensas que ha hecho Jane, sospecho que la última opción no es práctica. Por lo cual le quedan dos opciones, ninguna apetitosa.
La casa tiene unos 120 metros cuadrados y está en Silver Springs, en las afueras de Washington. Salvo las amenidades comunes de la zona (chimenea, suelos de parqué), la vivienda no tiene nada del otro mundo, pero posiblemente la compró Jane con un ojo puesto en la reventa: su precio se había más que duplicado en menos de cinco años. Quizá le pareció un negocio irresistible.
Pero entonces empezaron a bajar los precios. A principios de febrero, con menos de 16 meses de propiedad, Jane puso a la venta la vivienda por 699.000 dólares. No hubo compradores y poco después tuvo que bajar el precio a 689.000. Al mes y medio, le quitó 9 mil dólares a su precio. No la vendió.
Ya a mediados de abril, me imagino que presa de la desesperación, el precio de venta fue rebajado a 669.000. Pero en un mercado saturado, con bajos puntos de interés o no, las propiedades no se venden. Tres semanas más tarde, una Jane resignada puso el precio de venta a 659.000, significando que se tendría que tragar cierta pérdida. Pero aún así, nadie compró.
Jane sigue bajando el precio de la propiedad, unos 10 mil dólares cada dos semanas. Su precio de venta actual es de 589.000 dólares. Una pérdida de 62.000 dólares o casi el 10 por ciento de como la compró hace un año, en el cenit de la burbuja. Lo peor de todo es que todavía nadie compra.
Hagamos números a groso modo (no quiere decir que todo lo que voy a calcular se ciña a la situación de Jane ni mucho menos, pero seremos ilustrativos). Supongamos que muy generosamente Jane obtuvo una hipoteca con el 80 por ciento del valor de la propiedad a una tasa de interés anual del 6 por ciento (ambas suposiciones son bastante generosas). La mensualidad sería de 3.208,79 dólares al mes. Eso no incluye los impuestos (este año serán de 2.800 dólares, según la web del catastro del condado).
El ingreso per cápita de Maryland es de 31.888 dólares al año brutos (o sea, antes de ser deducidos los impuestos). ¿Por qué no casa todo esto? En 2000, cuando la vivienda de Jane fue comprada en 279.000, los ingresos per cápita de Maryland eran de 25,614 dólares. O sea que en seis años han aumentado en un 24 por ciento. No está nada mal, pero Jane apostó que el aumento en el precio de su vivienda del 237 por ciento durante ese mismo plazo se mantuviera y sumara.
Por ahora ha perdido esa apuesta, lo que da tres opciones a Jane:
1. Seguir bajando el precio, a ver si alguien pica. Pero esto representaría una pérdida enorme de por sí.
2. Abandonar la casa y que el banco ejecute la hipoteca.
3. Aguantar el tirón y esperar a que el mercado vuelva a subir (en unos dos años). Esta ha sido la táctica en mercados cuyas burbujas estallaron anteriormente, como Los Ángeles y Houston.
A juzgar por las reducciones extensas que ha hecho Jane, sospecho que la última opción no es práctica. Por lo cual le quedan dos opciones, ninguna apetitosa.

Comentarios ( 1)
El caso de Jane, similar al de millones ? de armericanos, es que fue engañada por una corriente especulativa, creada artificialmente por los que, a buen seguro, "ya se forraron" y nunca van a responder por ello. Si el alto precio de las viviendas se forma - dicho de forma simplona - por una gran demanda frente a una escasa oferta, por que no se facilita la creación de viviendas protegidas, o a precio tasado para evitar la especulación de precios, debida a unos bajos tipos de interés meramente coyunturales. Deberian criminalizarse esas conductas que manipulan el precio de los bienes de primera necesidad. La vivienda lo es.
Por javier | 26 de Septiembre 2007 a las 11:34 AM