Entre temible advertencia sobre el verano neoyorquino, nos ha dado tres días agradabilísimos este julio.
Cuando fuimos a Los Cloisters hace dos semanas, la temperatura apenas rozaba los 20 grados. El Cuatro de Julio lo mismo, y ayer sábado por la tarde, mientras salíamos del Rockefeller y nos internábamos en la Sexta Avenida, el mercurio alcanzó los 25 grados centígrados, con una brisa espectacular.
Tanto que al llegar a Bryant Park, el pequeño pero bonito espacio verde justo al sureste de Times Square, daban ganas de echarse en el cesped a la sombra: y lo hice. Casi me duermo entre la fauna urbana que apuraba las hojas de sus libros o sencillamente se recostaban con la ilusión de que estaban en Miami Beach y no a unos pasos del Empire State.
Sé que vienen días de más calor en estos dos meses y pico, es ineludible. Pero aunque sudemos la gota gorda, estos tres días que nos ha regalado la metrópolis para que la conociéramos un poquito más se agradecen un montón.

Comentarios ( 1)
Cuando el tiempo está muy agradable parece que estas de vacaciones, pero no es así
Por javier | 16 de Julio 2007 a las 01:56 PM