En muchos años de profesión he presenciado (y confieso, protagonizado) bastantes conflictos de interés. Desde los promotores que te invitan a comer hasta los que te envían a Santo Domingo dos noches en el hotel Jaragua a cambio de una entrevista. De todo hay y la línea se nubla sobre todo en los medios en español que tanto se quieren ceñir a un presupuesto cada vez más pequeño.
La teoría es muy clara: no puedes permitir que ningún tipo de favor o prebenda ofrecido por una parte interesada influya o aparente influir. Cuando fui crítico de restaurantes (antes de que Alberto Ibargüen decidiera que serían odas a los locales para que pusieran anuncios en el diario), varios me invitaron a comer una vez que salió la reseña. Nunca sucumbí, aunque sí permití que algunos promotores me convidaran a comer. Estuvo mal, y me escudé en la excusa de que tenía que hablar de asuntos relacionados con mi cobertura y que el diario jamás pagaría esos gastos.
En este tipo de cosas, la línea es sutil. El sello discográfico nunca te llamará para exigirte cierto tipo de cobertura, pero a buen entendedor sobran palabras: si no publicas, no hay más comidas. Lo borroso del asunto son los casos en los que intuyes influencias indebidas, aunque no las puedas definir: Un blog se jacta de no tener coche propio debido porque su trabajo (diseñado por él mismo) tiene que tomar coches prestados 24-48 horas para hacer «críticas». Al terminar con uno le dan otro, y así sucesivamente.
La solución intermedia para estos casos es anunciar el vínculo con el asunto tratado, para que el lector lo tenga en cuenta. Aviso: esta persona ha dejado de poseer un vehículo personal gracias a las reseñas que escribe para los fabricantes automovilísticos.
Pero hay casos un poco más claros. Cuando Mirthala Salinas anunció el pasado año en el noticiero local que el alcalde Antonio Villaraigosa de Los Ángeles estaba dejando a su mujer, tendría que haber hecho esta aclaración. «Aviso que me estoy acostando con el ilustrísimo señor alcalde y que debido a mi relación íntima con él, su mujer se quiere divorciar». Un año más tarde, ambos pueden perder sus respectivos puestos.

Comentarios ( 1)
Me parece muy ingenuo pensar que los diarios o sus editores no tengan una clara orientación politica, puede que quieras ser más papista que el papa, pero no te olvides que vives en el país de los lobys. La objetividad no existe desde que se inventó el marketing y los periodicos ganan una pasta con eso.
Por javier | 23 de Julio 2007 a las 10:40 AM