Hoy por primera vez en mi vida perdí el tren. Es una experiencia amarga ver salir al tren sin poderlo remediar. Los motivos empezaron a entrelazarse hace más de 39 años, con mi ADN. Desde niño era obvia la falta de dexteridad habilidad manual que tenía.
Al demostrarlo, mi madre decía que me hacían falta «trabajos manuales», como si al expresarlo automáticamente bajara el hada hábil y diera clases de destreza. Mi padre me llamaba manitas de plata. Si a eso se le añade un despiste gigantesco, explica entonces que hoy me haya quedado sin el tren que buscaba.
Al llegar a la estación, me di cuenta que había perdido mi bono. Tuve que ir a la máquina de billetes, pero había una cola y un señor de esos que parece que no han visto un monitor en su vida. Cuando por fin compro el billete, tengo el tiempo justo para alcanzar el tren. Pero para manitas de plata, nada es tan sencillo.
El billete, la cartera, la tarjeta de crédito y el móvil se convierten en algo insostenible en mis manos. Se me cae el móvil al suelo, partiéndose en varios pedazos. El pito del tren señala su salida, y me quedo con cara de panoli.
El teléfono ya se me ha caído antes, y buscando botoncitos y paneles en el suelo, lo logro armar de nuevo. Otra vez será.
P.D. El latín (no chino) dexteritās me hizo una mala jugada.

Comentarios ( 1)
El spanglis te empieza a pasar factura. Con lo bien que suena DESTREZA, lo de DEXTERIDAD suena a chino.
Por javier | 7 de Junio 2007 a las 04:21 AM