Se lo comentaba a mi ex jefe: si hace cuatro meses me hubieran dicho que me levantaba todos los días a las 5 de la mañana para empezar a trabajar en un lugar a una hora de mi casa a las 7, me habría reído bastante. Lo llevo observando muchos años en comunidades inmigrantes cuando voy al país origen: rodeados de situaciones nada funcionales y la gente no se esfuerza en casi nada. Pero sacas a esas personas de su pueblo natal y las pones en una ciudad del primer mundo y de repente están dispuestas a dejarse la piel (excepciones hay).
Sus circunstancias son bastante más adversas, pero al parecer la ilusión atenúa el sufrido esfuerzo. Ahora lo veo en mí, quien antes compraba todo en el súper y llegaba a mi casa con las bolsas sin problemas. Ahora es ir al supermercado a dos kilómetros, meter todo en el coche y rezar por dos milagros: que encontremos estacionamiento cerca de casa y que todo quepa en el carrito.
Repito, si me lo hubieran dicho hace cuatro meses me hubiera reído. ¿Yo haciendo eso? Anda ya...y anduve.

Comentarios ( 1)
El problema reside en saber si te ha compensado, y eso no lo sabrás hasta dentro de un tiempo, tiempo que ya no podrás recuperar.
Por javier | 15 de Junio 2007 a las 11:54 AM