Hace más o menos dos años culminé un período en mi vida en el cual todo parecía entrar en un proceso de rutina. En mayo de 2005 cumplía 12 años en la misma ciudad, 10 años de pareja estable, 8 años en la misma casa y 5 cinco en el mismo empleo. En ese entonces, con la baraja sobre la mesa, decidí tirar las cartas al aire para recibir una nueva baza. No sé si la decisión fue parcialmente subconsciente o no, el caso es que decidí cambiar todo.
Veinticuatro meses más tarde los contrastes son grandes. Todo esto conduce a la sensación de que estás viendo una película, que lo que transcurre ante tus ojos tiene una característica tan ajena a esa rutina dejada atrás que no puede ser parte de la vida real.
Me di cuenta una vez más este pasado sábado, cuando merendaba con mi madre, hermana y Carlos en el precioso Mercado de Chelsea. Casi como si esperara que un acomodador o proyector me dijera que efectivamente era una película muy larga a la Bela Tarr.
Pero no, es mi vida nueva. Añoro a veces lo bueno de la antigua, sobre todo la estabilidad y relativa certidumbre que me proporcionaba. También soy consciente que al ver las cosas como si fueran parte de un larguísimometraje, ya automáticamente me distancio emocionalmente de ellas.
Es una especie de cocidito madrileño, con un poco de todo (incluyendo empanada), pero lo que es innegable es que hace 24 meses tenía muchos menos ánimos e ilusión. Como buen ser humano, por lo menos en esta faceta, lo distinto me interesa más. Y si encima es agradable, qué oportunidad de crear una nueva rutina con esto.

Comentarios ( 1)
Se necesita un cierto tiempo para comparar tu nueva situación con la anterior, y saber si has acertado.
Siendo hispano y viviendo en Miami es como si vivieses en tu entorno cultural, pero al vivir en NY, es como irte a vivir al extranjero.
Por javier | 30 de Mayo 2007 a las 06:34 AM