Mis memorias de tener un carrito especial con el que ir a la compra se remontan al Madrid de los años 70. Se los veía (a veces variopintos o al estilo escocés) a señoras impecables, ya maduritas, que iban a la compra. Pedían la vez con un aire olímpico, mientras mostraban su broche dorado en forma de flor. Ahí metían lo que compraban en la carnicería, pescadería y panadería y se iban derechitas a casa, tras el cotilleo de rigor.
Luego lo vi más como una necesidad, cuando en Día Autoservicio Descuento te cobraban las bolsas de plástico a duro y muchas señoras preferían gastarse la calderilla en otras cosas.
Hoy hemos ido al supermercado (que de súper no tiene mucho, la verdad sea dicha) con nuestro nuevo carrito de compra. Me ha traído muchas memorias y la verdad es que está muy mal que lo diga, pero nos veíamos muy monos los dos tirando de él en una cuesta.
En este hiato entre trabajo y trabajo, apenas he conducido y me estoy convirtiendo en peatón, algo esencial para esta ciudad. Hoy he conducido el coche por primera vez en seis días y me ha parecido raro. Hasta para hacer algunas compras vamos en metro.
Me imagino que cuando tenga que ir hasta Melville todos los días me reacostumbraré al volante, pero por ahora no me importa hacerme peatón otra vez.

Comentarios ( 2)
Ahora se da por acá en España una divertida distribución social del carrito: los hombres más machistas (y los abueletes conscientes de que la jubilación implica hacer algo de las cosas de la casa) prefieren cargar con las bolsas. mientras que los jóvenes llevamos con orgullo el símbolo de las tareas del hogar.
Por Juvenal | 12 de Mayo 2007 a las 04:08 AM
Arrastrar el carro del super dentro de una gran superficie, y llevarlo al coche, vale, pero llevar un minicarrito por la calle, sería superior a mis fuerzas, es como si llevara bolso, vamos que no. Que conste que los diferentes generos también se caracterizan por la indumentaria, y yo estoy muy agusto con el mío.
Por javier | 12 de Mayo 2007 a las 06:43 AM