Como si no bastara con las cajas, el viaje relámpago y el estrés genérico de la mudanza, ayer desapareció del mapa el comprador de la casa. Iba a venir por la noche y no vino. No contestó mis llamadas ni mis correos. Me las vi negras durante varias horas.
Ya nos quedan pocos días en Miami, y durante las últimas dos semanas he dejado de promocionar mi casa porque este chico se había comprometido a comprarla. No hemos hecho el contrato todavía (sigue siendo redactado por una abogada), pero apalabrado está.
Su desaparición da rienda suelta a mis temores, ¿y ahora qué hago? No es que haya un comprador de repuesto. De hecho, en un mercado inmobiliario saturado, lo que no ha habido son ofertas.
Ya a las tres de la mañana me llama: estuvo en el hospital todo el día, por un episodio cardiaco a sus 30 años. Le iba a pedir el número del cardiólogo. Está bien, se hará cargo de todo.
Estamos esperando a esta santa hora el vuelo para Nueva York. Decir que anoche dormimos más de tres horas sería exagerar. Tenemos cita con cuatro agentes inmobiliarios, vamos a ver qué pasa.

Comentarios ( 1)
Estar "malo" a los treinta y por ende, ser poco solvente, convierte a tu candidato comprador en una inquietante opción. La única opción NUNCA es la mejor opción.
Por javier | 22 de Abril 2007 a las 04:32 AM