Casi todo el mundo lleva corbatas en la redacción. Sólo algún reporterillo y becario desafiante las evita.
Con trece años maltrechos de periodismo a cuestas, he evitado ponerme ese accesorio que tanto me molesta. Los motivos han sido diversos: combinación de la informalidad de Miami y de lo casual de un medio web.
Pero el periodismo de periódico añejo espera una vestimenta profesional. Hace once años cubrí el recital que dio Telecinco en South Beach, presentado por Carmen Maura y Andrés Pajares. Cayó un chaparrón al salir y me quedé empapado, y decidí pasar rápido por casa a cambiarme. Me puse unos pantalones cortos. Aunque eran las 10 de la noche de un sábado, el editor me miró como si fuera un leproso.
Si me quedo a trabajar aquí no hay vuelta de hoja, me toca ponerme corbata. Es la intersección de la ambición (a la que llamo eufemísticamente crecimiento profesional) y de la comodidad personal. No se puede nadar y guardar la ropa, mucho menos la corbata.
Durante toda la entrevista me sentí como con una argolla en el cuello, me imagino que se me pasará con el tiempo, pero qué horror. Si llego a alguna vez a un puesto de alto, dispondré que las corbatas son opcionales y prohibidas los viernes.

Comentarios ( 2)
El habito no hace al monge, pero a ciertas profesiones no le sienta mal la solemnidad. No me imagino a un director de banco, vestido de pantalón corto y con una camiseta de dos tiras, o a un abogado en chandal. No se como será el ambiente periodistico, pero a fin de cuentas lidiais con la realidad y eso exige cierta seriedad, y en camiseta pareces un desgraciado.
Por javier | 2 de Abril 2007 a las 02:52 PM
odio las corbatas.... odio eso de etiqueta....
Por kleffa | 2 de Abril 2007 a las 03:46 PM