Ayer estuve en la sucursal bancaria que me pilla más cerca, y mientras ingresaba unos cheques me di cuenta de un señor, argentino, que se acercó a una cajera de origen afroamericano.
«Buen día, querida, quiero cobrar este cheque». Parecía que había pasado un puente Einstein-Rosen y me hubiera transplantado en Almirante Brown esquina Juan Manuel Blanes en el barrio porteño de La Boca.
La chica parecía desconcertada, por un lado este señor con altísimo timbre le daba instrucciones verbales incomprensibles, por otro, estaba claro que el señor, al presentar su identificación, y cheque a su nombre debidamente endosado, quería cobrar.
La pantomima siguió así de fascinante durante varios minutos. El señor soltaba ches y escuchames y la cajera seguía las instrucciones físicas. Todo salió como la seda. Son las cosas surreales de esta ciudad, donde el idioma es innecesario.
No me sorprende que sucediera, sino que el cliente pretendiera imponer su idioma como si estuviera en su barrio, en lugar de un banco en Biscayne Boulevard y la 147 Calle de Miami.

Comentarios ( 2)
Es lo bueno de los argentinos. No tienen complejos. Se creen los amos del universo che.
Por javier | 5 de Marzo 2007 a las 03:56 AM
recatate amigo, como va a andar diciendo que el boludo ese es asi, che, que te pensas que acaso no conosco argentina??? che pero si paso por ahi como pedro por su casa.... muy graciosa su anecdota
Por kleffa | 5 de Marzo 2007 a las 07:18 AM