Decía Eleanor Parker que Los Ángeles eran 72 suburbios (en el buen sentido de la palabra) en busca de una ciudad. Pero es uno de los sitios que me han logrado asquear y maravillar a la vez. Siempre me ha parecido una colección inmensa de viviendas y edificios sin personalidad. En este viaje, sin embargo, exploro un poco más.
El pequeño centro histórico, lo que en su día fue un pueblecito perdido, parece ahora un pedazo de México. Al lado, en el vacío downtown, está la espantosa catedral nueva. Una nave industrial convertida en centro de culto: fría e impersonal.
Pero Chinatown tiene sus encantos, en el primer restaurante comemos de maravilla, Y ya luego de noche nos quedamos cerca de Venice, en la playa. La puesta del sol en el muelle de Venice es espectacular. Vivir tanto tiempo cerca del Atlántico o del Mediterráneo da cierto encanto a ver los ocasos ante el mar. Eso sí, Los Angeles tiene una ola de frío, y el viento del oeste casi corta la piel.
