Hemos amanecido con cuatro grados de temperatura, y para una ciudad rodeada de montañas, es bastante. La imagen idílica del invierno templado se deshace como el hielo en los estanques del Centro Getty.
Este museo es quizá el mejor de Los Ángeles, no tanto por su colección sino por su arquitectura y emplazamiento. Si alguna vez vuelvo a la ciudad, veré la puesta del sol en este punto.
Nos vamos al Pig and Whistle, el restaurante histórico de Hollywood, que cada vez está más postizo (que ya es decir) y peligroso. Se puede plantear hacer un buen homenaje al cine, pues pese a las críticas de sus productos y modus operandi, la industria cinematográfica de Hollywood tiene mucho de lo que estar orgulloso.
Pero como es imposible elegir un buen tema porque nadie estaría completamente de acuerdo, se reduce todo a lo banal y al denominador común.
Se me ocurre volver al hotel sin tomarme los famosos freeways, y es una tortura. Aun siendo domingo, las calles están congestionadas. En esta ciudad me mataría el tráfico.
