No sé muy bien cómo hemos llegado hasta aquí, pero hay unos familiares sollozando, mientras otros me profieren insultos, producto de su furia. El jurado que presido yo acaba de declarar a su madre culpable de tres cargos de intento de homicidio en segundo grado y de un cargo de delito de incendio. Las pruebas no eran excelentes, pero sí aportaban una imagen fuera de cualquier duda razonable. Advertí a los miembros del jurado antes de salir que nos esperaba algo difícil, pero no me imaginé esto.
El abogado defensor exige que cada miembro certifiquemos nuestro veredicto. Algunas voces lo hacen de manera entrecortada, pero yo no permito que los sonorísimos familiares se enteren de lo acojonado que estoy. Lo digo con voz firme: «Culpable».
Mientras nos escolta la alguacil fuera de la sala, dos policías se quedan con un ojo echado a la nada tranquila plebe. Al salir, nos informa que nos acompañará hasta la calle y que luego nos escoltará la policía hasta nuestros automóviles.
Todos estamos, dicho en cristiano, cagados. La alguacil que parecía impasible, tiene cara de espanto al llegar a la planta baja. Hemos tomado las escaleras mecánicas para descender cuatro pisos y no nos podemos creer lo que está pasando.
El día empezó con un proceso simple, la abogada defensora dijo que esto, para citar la obra de Shakespeare, era un ejemplo de mucho ruido y pocas nueces. Su compañero comentó poco después que era algo digno de Kafka lo que le ocurría a su cliente. Aunque podemos decir que lo sucedido fue sui generis, es exagerado compararlo con El proceso.
Total, que la ley no nos dejó mucha opción. Sin entrar en detalles engorrosos que me identificarían aún más, literalmente la señora era culpable del delito. Un proceso de un solo día de duración pareciera que no daría mucho de sí, pero la defensa optó por no presentar testigos contra las imputaciones.
La dinámica humana es curiosa, y por eso los jurados populares tienen fallos graves. Si pones a un grupo de personas una misión a las cinco de la tarde, van a querer terminarla ese mismo día. Pero nadie quiere tomar la decisión. Cuatro tienen opiniones, pero dicen que se amoldarán a la mayoría.
Después de exponer los motivos, sólo quedan dos indecisas. Tras dos horas de deliberaciones, razonamos todos que es injusto y probablemente haya tenido una defensa inepta, pero que la señora, según la ley, es más que culpable.
Intuyo que todos apresuramos el veredicto porque nos queremos ir. Pero estamos hablando de un ser humano y de una buena parte de su vida. Ofrezco quedarnos más horas, volver mañana con una mente refrescada. Todos lo rechazan, hoy se decidirá. Una señora quiere ser más dura, dos no están del todo convencidas. Pero el voto es unánime, Viva la democracia.

Comentarios ( 3)
Es muy duro "administrar" justicia, por que de tu decisión depende la libertad del imputado, pero es un deber etico, lo que ya no tengo tan claro es que un jurado popular sea el sitema idoneo de hacer justicia, prefiero la profesionalidad de un tribunal colegiado formado por jueces. En ese caso es muy dificil que un abogado "hábil" distorsione los hechos para convencer al jurado, ni tampoco que por falta de profesionalidad se condene a un inocente. No hay nada como la profesionalidad, lo de hacer justicia en nombre del pueblo "suena bien" pero es menos "justa"
Por javier | 31 de Enero 2007 a las 04:43 AM
la cosa es asi... la justicia aca se administra de forma diferente (dejamos de linchar gaente y conn tanta pelicula yankee teneamos algo asi como punto medio, sin jurado, nadie seria jurado) lo choro es que estas vivo y eso esta bien.... un amigo comentaba la dificultad de encontrar jurados en los juicios, creo que ya se por que, los culpan de todo!!!
que habre hecho pa salir de los links? en fin...
Por kleffa | 31 de Enero 2007 a las 07:36 AM
que cosa... aparecio mi posteo (yo crei que lo veria mañana...) gracias Emi
Por kleffa | 31 de Enero 2007 a las 07:37 AM