oche acompañé a mi amigo Pedro para que comprara un pisito cerca de mi casa. Pedro tiene un salario relativamente medio alto para Miami (unos 41.500 dólares brutos al año; el salario medio para las viviendas en la zona es de 37.148 y per cápita de 20.916) y quería un pisito de unos 80 m2.
El precio es alto en unos edificios que solían tenerlos en alquiler: 200.000 dólares. Están caros porque la construcción es antigua (unos 35 años) y la zona no es muy buena. Pero dan ciertas facilidades de compra como el pago de los gastos de comunidad por un año y el 3 por ciento de entrada.
El talón de aquiles de Pedro es que no tiene ahorros, y necesita un piso relativamente grande para un soltero. Se sienta con el representante del banco hipotecario y empiezan a calcular mensualidades. Debido a que cualquier préstamo superior al 80 por ciento del valor de la vivienda exige un seguro de vida especial, los prestamistas utilizan una fórmula de dos préstamos: uno por el 80 por ciento del valor y el otro por el valor restante. Claro, el segundo tiene una tasa de interés de casi el 12 por ciento.
Este método es bastante común para los compradores noveles como Pedro, que quieren tener una propiedad en un mercado bastante caro. Entre impuestos, gastos de comunidad (a partir del segundo año) y mensualidades, le saldría el piso por unos 1.750 al mes. Si se añade la luz, el total se monta en el 75 por ciento de sus ingresos netos. Si a eso le añadimos la mensualidad de su coche y la gasolina, le quedarían 150 dólares para comer y cualquier otro gasto al mes. Eso más que ajustado es más bien una camisa de once varas.
