En España, está el sistema de voto de meter un papel con la lista de un partido en un sobre. En México, son papeletas gigantescas que pueden casi ser confundidas con posters. Pero en Estados Unidos se ha adaptado en varios sitios varias máquinas de voto electrónico.
Hace décadas que las elecciones no se cuentan a mano como en otros países, sino que se utilizan equipos mecánicos que siempre han fallado. No sé si mi voto en 2000, por ejemplo, contó. Mi mesa electoral tuvo 12 votos nulos debido a que el equipo no perforaba bien.
El fracaso de las elecciones de 2000 dieron paso a las máquinas de voto electrónicas. Son muy bonitas, votar es muy cómodo, pero todo tiene un tufillo de corrupción. Primero son los casos de gente que pulsa su voto en el monitor, para luego ver en el resumen que si no se fijan, iría al candidato opuesto. Curiosamente, todos han sido de gente que han votado por el demócrata.
Hoy, el documental Hacking Democracy relata la epopeya de unas señoras mayores que están convencidas de que hay fraude con estos equipos. Las autorides electorales las tratan como si estuvieran locas, y se ven varias veces revolviendo la basura de varios departamentos. En Florida, como en todos los estados, los condados tienen su propio sistema de voto.
Después de casi 90 minutos de todo tipo de conspiración e insinuación sin respaldar, el film entra por fin en materia y se vuelve de lo más interesante. Las señoras tienen una premisa sencilla: la empresa que fabrica gran parte de estas máquinas, Diebold, miente al decir que las tarjetas especiales que solo pueden contar votos.
Este grupo de personas mantienen que las tarjetas tienen una aplicación oculta, perfeccionada gracias al sistema de voto negativo. Como en la cuenta final se demostraría que hubo más sufragios que votantes, lo que se hace es empezar un comicio dando cinco votos negativos a un candidato, por ejemplo, y cinco positivos a otro. El resultado final obviamente es cero, pero ahí se esconde el fraude.
Al final, un director condal de elecciones, cansado de la lata de las señoras, decide poner a prueba su sistema. Los funcionarios las tratan como niñas, como si fueran unas dementes estrafalarias que se atreven a poner en duda su sistema. Aceptan una tarjeta hackeada por ellas mismas, y hacen un simulacro de elección.
El resultado es impactante porque se ve en pantalla lo fácil que es enmañar el proceso: nueve personas votan, siete en contra y dos a favor en un referendo de simulacro. Meten sus tarjetitas por el lector de Diebold que tiene la tarjeta cambiada. La tarjeta que no tiene programación alguna, según Diebold. Al final, para el pasmo del director del departamento de elecciones, la máquina da un resultado de 8 a 1.Una funcionaria se echa a llorar. No es para menos.

Comentarios ( 1)
Está claro que para evitar suspicacias hay que "andar a la antigua ". No hay sitema informático que no pueda ser pirateado o "caerse". El sistema de recuento de votos en España es casi infalible, pues se basa en el control de los miembros de la mesa electoral, amén de las personas designadas por los partidos. Tuve la oportunidad de formar - por obligación - parte de una mesa electoral y el fraude es imposible, podría - todo lo más - haber un error en el recuento, pero de unos pocos votos, circunstancia que no tendría la más mínima trascendencia. Por cierto porque te pones la venda antes de aparecer la herida. Tanta confianza tienes en "los democratas"
Por javier | 4 de Noviembre 2006 a las 05:14 AM