El anverso de estos triunfos es que vienen, a mi parecer, a expensas de la espiritualidad. Tuve la oportunidad de ver a una persona a quien conocí recién llegado en 1999. Siete años de vida en Nueva York, lo que le importa es el cash.
Me asombró no sólo su cambio de aspecto físico, más duro y distante, sino el emocional. Donde había optimismo en lo personal, sólo queda una cáscara que apenas oculta una capa profunda de cinismo y pesimismo.
«Lo primero que hay que hacer es olvidarse del pasado. De lo que eras en tu país», aconsejaba. Después de ser administrativo y ejecutivo en su ciudad de origen, se considera un triunfador porque es barman y camarero en un restaurante del Bronx mientras vive en su apartamento compartido de Queens.
Su medida de triunfo, por lo tanto, es binaria, de deporte de masas: he ganado porque no he perdido. No me han deportado, no he decidido seguir adelante con mis planes de hacer las maletas e irme, no he dejado que la ciudad me derrote.
Ese es su baremo de victoria sobre Nueva York: No le engulló. De fuera se puede analizar como una situación precaria y francamente pírrica. Está rodeado de arte, cultura y demás, pero apenas gana lo suficiente para cubrir sus necesidades básicas. Por ahora pagar 90 dólares para ver un musical de Broadway o veintipico para un museo de altura están fuera de su alcance cotidiano.
No estoy por emitir juicios, sencillamente me sorprende la perspectiva. Es como una especie de fábula retorcida de Escila y Caribdis. Todos los inmigrantes nos hacemos una composición de lugar que posteriormente da pie a las justificaciones y pretextos de nuestras partidas y permanencias. Pero no he visto nunca casos tan extremos como los de Nueva York.

Comentarios ( 2)
Dios…………… que lindo eres!!!!!!!!!!!!!!!!
Por Gordi Gay | 14 de Octubre 2006 a las 12:16 AM
Nunca he estado en N.Y., ni tengo especial interés en ir, aunque comprendo a millones de turistas que si lo hacen. Para mi es "una ciudad trampa" donde hay un montón de "cosas fascinantes" a las que nunca tendrías acceso, lo que me parece FRUSTANTE y, personalmente no soy capaz de SONREIR BOBALICONAMENTE pensando en lo feliz que sería si puediera disfrutar de ellas. Soñar no me hace feliz. la mayoria de la gente tiene que vivir "de pena". Vivienda o alquileres a precios inaccesibles, ropa preciosa pero carisima, restaurantes - caso de que te dejen reservar - a precios de infarto, ocio, clubes etec. igualmente caros. Que tiene de fascinante? Es como ser diabetico, goloso y trabajar en una pasteleria
Por javier | 15 de Octubre 2006 a las 10:44 AM