En la oficina-redacción soy considerado una especie de experto gramatical y ortográfico. Lo que la gente lleva peor en nuestro querido idioma es el tema de las tildes (aunque también está surgiendo de ciertos países la incomprensible manía de separar el sujeto del predicado sin haber elipsis).
En comparación con el inglés, cuya lengua es en realidad muchas capas prestadas y no tiene lógica alguna, las reglas gramaticales del español en lo que poner tildes gráficas se trata son bastante sencillas. Una vez que explicas lo de grave, llana y esdrújula (y subsiguientes), lo único que hay que matizar es por qué los monosílabos a veces van acentuados (¡por Dios, ti jamás se acentúa!) al igual que algunos adverbios que terminan en -mente y las frases interrogativas.
Y ya está. Cierto, algunos diptongos y la trampa de sólo/solo se quedan en el tintero, pero francamente no me parece difícil. Es más complicado la conjugación de ciertos tiempos, por ejemplo.
Es una lección de cinco minutos que es valiosísima para los que escriben con cierta frecuencia. Pero no me dejan darla los que vienen a preguntarme si «arrasará» o el imperativo de segunda persona informal del verbo ser llevan tilde gráfica.
Soy un poco pedante al insistir, pero en el fondo también un poquito vago. Si lo entiendes y discurres, no te haré falta.
