El domingo nos invitó un amigo a ir a ver el palacio (o villa, como se le dice aquí) de Vizcaya, un palacete construido en la década de 1910 por un magnate, que disfrutó del clima de invierno de Miami durante 10 años. Al estilo de otras mansiones estadounidenses de la época, su dueño recorrió media Europa buscando obras de arte (y techos enteros) para su esplendorosa villa.
Tras su muerte en 1925, la casa fue dañada por dos huracanes y sus herederos se la acabaron vendiendo al gobierno local, con obras de arte y todo, a cambio de que fuera un museo en perpetuidad. El condado ha hecho lo que ha podido con pocos recursos para el arte, pero también ha cometido errores.
La villa, es cierto, se diseñó para el invierno miamense, pero decidieron cubrir el patio con una gigantesca marquesina de cristal e instalar aire acondicionado. Genial para las visitas en verano pero le quita a la casa mucha ventilación.
Resulta que a mi amigo le dio un pase la empresa porque el domingo era un día de acceso gratuito al palacio (generalmente se pagan 12 dólares), y claro, el lugar estaba a rebosar. Ya me imagino un poco mejor cómo se sentirían los mayordomos del Palacio de Invierno de San Petersburgo cuando entraron las turbas en febrero y octubre de 1917.
El caso es que una señora que no parecía ser demasiado exquisita comentó en una sala: «Ay, esto huele igualito a la casa de Josefina». Y claro, a partir de ahí empezó nuestro cachondeo. Pero independientemente del curioso comentario, es cierto: Villa Vizcaya huele mucho a Josefina, ese tufillo que causa la falta de ventilación.


Comentarios ( 1)
No se como sería Miami en 1910, pero ya son ganas de dar vueltas, con lo bien que se está en Costa Azul en invierno y lo cerca que está de Vizcaya.
Por javier | 28 de Septiembre 2006 a las 05:02 AM