Cuando trabajé en El Nuevo Herald, uno de los mejores fotógrafos era Carlos «CM» Guerrero. Su ojo clínico y rapidez le dieron una fama (con sus consecuentes premios) enorme. Cualquiera que le conozca sabe que el egregio fotógrafo parece imperturbable con su cuidadoso ademán. Pero hace 14 años, en la mañana del 24 de agosto de 1992, Guerrero estaba en un motel de Florida City, rezando bajo un colchón. El municipio sufrió el embiste del huracán Andrew, con vientos sostenidos de más de 250 km./h y ráfagas de por lo menos 330 kmh.

Tras 55 minutos de averno, y con el sol ya nacido, Guerrero salió a inspeccionar el peor desastre natural que había afectado a EE.UU. hasta Katrina, 13 años más tarde. El primer ser humano con el que se topó fue Harold Keith, que salía de la destrucción de su remolque y con todas sus pertenencias en su brazo izquierdo. Es la imagen del caos personificado, de cómo una tragedia puede abatir directamente a una persona.
Estas fechas son predilectas para los huracanes en la zona del sur de Florida. Hoy 24 no solo es el aniversario del impacto de Andrew, sino de dos huracanes menores enn1885 y 1891. Mañana se cumple un año que vi pasar por mi casa el ojo de Katrina y del destructivo huracán de 1949, que hizo pedacitos a West Palm Beach con vientos de 230 km./h. Y el 26 se cumplen 42 años del huracán Cleo, que mató a más de 200 en el Caribe.

Comentarios ( 2)
Qué buena foto.
Saludos.
Por Alfonso | 25 de Agosto 2006 a las 02:23 PM
Los huracanes en el caribe, al ser periodicos, parecen un impuesto que anualmente grava la existencia de sus habitantes, al margen de su nivel de bienestar. Debe ser muy alto el grado de satisfacción que produce vivir ahí. Nadie se va.
Por javier | 29 de Agosto 2006 a las 06:20 AM