Ayer paraste tu coche al lado del mío y me preguntaste que por qué estaba detenido. Te contesté que creía que me había quedado sin gasolina. Sin dudarlo un viernes por la tarde, me acercaste un kilómetro a una gasolinera, me ayudaste a poner combustible y me acompañaste de vuelta a mi coche.
Cuando nos dimos cuenta que era la batería y no la gasolina, me ayudaste a dar un cable infructuoso. Después, me empujaste el coche hasta un estacionamiento cercano. Y no te pedí ni tu nombre, lo siento. Gracias por tu generosidad. En esta ciudad ajetreada, no se ve mucho tu entrega hacia el prójimo.
A mi hermana le tocó de nuevo ser mi ángel de la salvación, sin protestar por las incomodidades (la agencia dce ayuda en carretera no pudo enviar su grúa al barrio). Gracias a ella también, y a la minilegión de benefactores anónimos y no tanto que han hecho posible que estas siete últimas semanas hayan sido un lujo. Sin vosotros ya habría fracasado.

Comentarios ( 2)
Que sería de nosotros sin los llamados "heroes anonimos". Que siga la empatía.
Por J | 29 de Agosto 2006 a las 06:32 AM
pos... en mi viaje por argentina estabamos mas perdidos que el teniente Bello (legenda chilena de un teniente que se perdio y nunca aparecio en un avion en la cordillera, su nombre era Tnte. Luis Bello) cuando nos detubo un heroe anonimo y nos escolto hacia el empalme de la carretera, grande esa gente
Por gabriel otra vez | 29 de Agosto 2006 a las 12:26 PM