Anoche no dormí por el dolor de oído. Es obvio que tengo una otitis avanzada. Llego a la oficina, y una de mis reporteras se ofrece a llevarme al médico. Es una abuso de confianza y de poder, pero francamente estoy hecho polvo. Su médico de cabecera está cerca de Guadalupe Tepeyac, al lado del Aeropuerto.
El señor me toma las señales vitales y me pregunta que si me molesta ser inyectado. «Hombre, si no queda más remedio». La diagnosis es que tengo faringitis y otitis, la solución es dos inyecciones de Amikacina, un antibiótico. Lo curioso es que el médico no es practicante y tenemos un intercambio bastante curioso: «¿Dónde me van a poner las inyecciones?» «Pues es tópico..» Mira a Luz y le pregunta como si fuera yo alemán «Sí me entiende, ¿no?»
Quería preguntar que quién me las iba a poner, pero el galeno se lava las manos. Al final la acaba poniendo la hermana de Luz. Llego por fin al hotel y me pongo a sudar. Por la tarde/noche escribo un artículo de que López Obrador no puede ganar (lo digo entre líneas, pues poder, puede, pero lo dudo muchísimo) y por fin duermo.

Comentarios ( 1)
Acertaste, ganó Calderón. Menos mal. Nos encantaría saber a tus lectores porque creiste que no podía ganar López Obrador
Por javier | 10 de Julio 2006 a las 09:55 AM