Hoy hace un año que Josh y yo nos separamos, después de una década de convivencia. Hacer un balance no solo puede resultar prematuro, sino inútil y en el fondo indeseable. Es como el que contempla un esqueleto roído por el tiempo y los elementos, y se sorprende que esa masa de polvo haya contenido alguna vez un cuerpo fornido.
Como cada vino que tiene un buen año, y después se avinagra al no poder aguantar el envite y embiste del calendario, nos pasó algo parecido. Desde el 11 de julio pasado con él han ocurrido algunas cosas que han garantizado el estado acético de la situación. Por lo cual no estoy listo a decir que le echo de menos, por lo general, sino más bien su presencia física. Y, está muy mal decirlo pero no por ello deja de ser cierto, la estabilidad económica. Parece resentido en segunda lectura, pero se trata sencillamente de una persona que antes la tenía en el asiento de al lado y ahora no la veo ni en el retrovisor.
Ayer estuve de visita con su abuela, que en el fondo también es la mía, y recordaba: le he visto seis veces en once meses. Y ninguna en casi siete. Lo triste es que salvo una cordialidad estirada, casi inglesa, no queda nada.
Por lo demás, 365 días de ansiedad, sofocos, impaciencia, adaptación, soledad, compañía, contradicción, paso raudo y aletargado de las hojas del almanaque. Todo es percepción. Ahora me embarco en una aventura personal de nuevo, tras un hiato de un año, que aunque no ha sido por diseño parece casi perfecto. No era el tiempo necesario para estar sin él, sino para aprender a estar conmigo.
Lo que he visto no me ha gustado en algunos tramos pero era de esperar: dejadez, falta de disciplina, desorden, etc. Lo que he visto que me ha gustado ha sido la paz interna. Ahora, para hacer una paráfrasis heavy, falta alguien que me dé dos hostias y haga ver que estar aquí es un milagro que se puede compartir. ¿Te animas?

Comentarios ( 1)
El paso del tiempo nos recuerda cruelmente que nadie es imprescindible en nuestras vidas. Y si no lo asumimos resulta catastrofico en todos los sentidos. Se suele decir que se aprende de esperiencias pasadas, yo no lo creo en absoluto, cada nueva realación es distinta y si funciona nos parecerá la mejor, pero tampoco es cierto, eso si, hay que seguir respirando
Por javier | 12 de Julio 2006 a las 09:49 AM