El domingo fui a ver Agua, la tercera película de la trilogía de Deepa Mehta. Visualmente es una maravilla, como todas las que he visto de la directora, y por supuesto, una invitación a la controversia.
El largometraje tiene un trasfondo gigantesco debido a la temática sensible (el ostracismo religioso de las viudas en India) y el gobierno lo prohibió. Tuvieron que buscar actores y platós fuera del país.
Fui con mi hermana Marta y mi amiga Isis, y debo aclarar que a ellas les gustó sin reservas. Yo, típico en mí, las tuve.
Es una lástima que el guión esté tan traído de los pelos. La historia de una niña tiene ínfulas de ser un prisma sobre la vida de castas y restricciones sociales en la India de los años 30, con sus componentes de crítica política. Y se intuye que Mehta no sabe qué quiere contar. Si la vida en la deprimente ashram o casa de viudas, una historia de amor o una metáfora de las cadenas del fundamentalismo.
Al final se queda un poco corta con las tres, aunque no tiene reparos en asomarse y marcar pautas que luego no sigue. La actriz niña, Sarala, y la veterana Seema Biswas es de lo que se salva de un elenco dado por lo demás a interpretaciones soporíferas o extremas.
Hay una escena en la cual las viudas del ashram se pintan de todo tipo de tonalidades y colores. Un efecto visual espectacular en un filme repleto de vistosidad. Pero al fina, quitada la pintura y los tintes, las mismas viudas no pueden ocultar sus muchas arrugas e imperfecciones. Agua tampoco.
No escribo esto con deleite, porque es toda una lástima. Mehta obviamente tiene buen manejo técnico pero se le fue la mano con el guión. Quizá el fragmentomás estrambótico fue cuando el guaperas de John Abraham dice que la religión es un camelo para resolver cuestiones económicas. Aquí se le ve el plumero a Mehta, innecesariamente.
Se puede hacer una parábola o un argumento de acción directa con minimitin de Mahatma Gandhi y todo. Pero si las vas a combinar, hay que saberlo hacer bien.
Si no supiera leer los subtítulos, intuyo que me hubiera gustado mucho más.

Comentarios ( 1)
Desde el periodo de entreguerras en Europa surgió, - primero entre las clases cultas - una fuerte atracción por el orientalismo, hoy en día esa atracción se ha popularizado, ( actores que se hacen budistas etc, ) pero yo no dejo de reivindicar el criticado y denostado modo de vida occidental. En oriente, - paisajes y folclore al margen - no veo más que corrupción, toneladas de miseria e injusticia social, y sus creencias no les han ayudado a salir de "eso", ni a llevar una vida digna a la mayoria de sus ciudadanos.
Por javier | 20 de Junio 2006 a las 12:58 PM