El volumen de vivienda a la venta en Miami descendió por primera vez en casi un año esta pasada semana a 33.921. En agosto, antes de Katrina y de Wilma, apenas 12.361 viviendas estaban a la venta. La triplicación del inventario de casas, la oferta, ha incidido un poco en los precios. Han bajado: el precio medio en agosto era de 425.000 dólares, ahora es de 391.000.
La cifra esconde que en los próximos dos años se terminarán unas 40 mil unidades en el centro de esta ciudad, casi todas ellas de lujo, y se ofrecerán en un mercado saturado. El inversor extranjero que ve las noticias se ha dado cuenta que por aquí pasan huracanes, y que de repente están pasando muchos. Y los que buscaban una ganancia rápida del 40 por ciento en un año ya se han curado de espanto.
Aunque Miami es un mercado excepcional, algo parecido está pasando en otras ciudades de Estados Unidos, aunque en menor escala. Eso sí, casi todas están en las costas de los océanos. Lugares como Dallas o Chicago no se han visto afectados por esta orgía consumista y especulativa.
El estallido de la burbuja representa un peligro para Estados Unidos. Entre el gasto público desbordado, la balanza comercial y el endeudamiento masivo de la población, no está listo para una desaceleración económica. Pero la ralentización de los precios representa que los consumidores no pueden hacer uso de su plusvalía para gastar. Entre eso, los precios de combustible, la reducción del empleo y la subida de los intereses, hay nubarrones en el futuro.
Las casas, la mía incluída, se convirtieron en pequeños cajeros automáticos. El valor se duplica, obtienes una hipoteca nueva para cubrirlo, la cantidad la empleas en pagar tus tarjetas de crédito y en volver a gastar. A la economía de servicios le va de maravilla, pero se olvida el principio de oro: «tu casa sólo vale lo que alguien esté dispuesto a pagar por ella».
El festín especulativo se acaba, pero esto trae consecuencias. Un 40% del empleo creado desde 2002 está relacionado con la espectacular burbuja: ya sea obreros, agentes inmobiliarios o agentes hipotecarios. Todo esto, me temo, va a ser espantoso cuando la maquinaria inmobiliaria se detenga.
Llevo años siendo una especie de Casandra, advirtiendo cautela al comprar. A veces pienso que ojalá me equivoque, que puedo ser un pardillo intentando entender la economía, pero se están cumpliendo las predicciones.


Comentarios ( 1)
No es un secreto que el negocio inmobiliario es ciclico, pero el verdadero no se produce por la ralentización de la venta, ni por reajuste de los precios, sino por la "temida subida de los tipos de interés", lo que imposibilitará hacer frente al pago de las hipotecas a quienes compraron a los últimos precios de mercado, es decir el sufrido consumidor. Los especuladores llevan bastante tiempo disfrutando del "festin"
Por javier | 6 de Junio 2006 a las 10:19 AM