El domingo don Benito XVI decidió visitar el campo de exterminio de Auschwitz y entrar a la celda donde murió Kolbe. El cura franciscano salvó heróicamente a miles de personas y se convirtió en un miembro destacado de la resistencia polaca hasta que la Gestapo le echó el guante.
Decidió ser ejecutado en lugar de otra persona y fue canonizado hace veinticinco años. Es uno de los 20 Hasta ahí vamos bien.
El lado oscuro de Kolbe era que pensaba que los judíos eran malos, utilizaba frases como el «contubernio judeomasónico» citaba como cierto al panfleto falsificado de Los protocolos de los sabios de Sión y francamente simpatizaba con cierto afán ariano.
Quizá se puede justificar un poquito. El antisemitismo polaco es legendario, y bueno, era un producto de su época. La Iglesia moderna, encabezada por el mismo Juan Pablo, ha reducido enormemente la actitud dentro de la grey, y eso es más que lo loable.
Lo cual hace que el error de Benedicto sea doble. En su discurso en Auschwitz tenía que atinar mucho, sobre todo con su pasado en las juventudes hitlerianas. Pero ni una palabra sobre los judíos, el antisemitismo ni nada. Ensalzó la muerte de Kolbe y de otra católica, pero nada del odio descomunal y desinformación brutal (entre ella los citados Protocolos que tanto convencieron a Kolbe) hacia los judíos que tuvo su parte en el Holocausto.
Por eso no se puede decir objetivamente que la labor de Kolbe fue pura. Por un lado, y eso es lo más importante, depuró sus pecados con su labor humanista. Por otro, fue parte de un enorme mecanismo de propaganda antisemita que fomentó las ideas demenciales de los Nazi.
Para colmo, en su discurso Benedicto le pidió explicaciones directamente a su superior y eliminó a los intermediarios.
«Sólo se puede guardar silencio, un silencio que es un grito hacia a Dios: ¿Por qué, Señor, permaneciste callado?, ¿cómo pudiste tolerar todo esto?». El mazazo de que la Iglesia no hizo ni por asomo lo suficiente para impedirlo o denunciarlo (era más cómodo vivr en un Vaticano rodeado de tropas de Mussolini que enfrentarse, cosa muy difícil; los huesos de los últimos cristianos valientes ante el poderío de un imperio están al parecer en el Coliseo) se quedó sin dar.
Y ni pío del papel cómplice de los civiles alemanes que permitieron la matanza. El espectacular libro Los verdugos voluntarios de Hitler resalta las notas administrativas que se quejaban de la red de abasto, de las apropiaciones y de todo tipo de imperfección en el mecanismo. Muchos civiles con sus palabras de protesta trivial se jugaron la vida, pero lo que falta en tal archivo voluminoso es una voz clara en contra del exterminio.
Benedicto habló como si los Nazis hubieran sido vikingos o caballeros teutónicos que se apoderaron de la nada del pobre pueblo alemán. Fue una ocasión muy triste por no esclarecer ciertas responsabilidades, ya sean históricas o no. Pero el Papa se limitó a culpar a Dios. Con una deidad así, que nos coja confesados antes que después.

Comentarios ( 3)
Me gustaría un viaje del Papa a Moscu. Stalin se "cepilló" a 50 millones de ciudadanos y nunca se dice ni nu, de ese angelito.
Por javier | 1 de Junio 2006 a las 11:24 AM
Me gustaria saber, de que acusaron al Padre Maximiliano, para que su destino fuera Auschwitz? Leyendo tu escrito he llegado a la conclusion que es muy facil desprestigiar a alguien que no puede responder.
Eso lo digo por Maximiliano, por que Dios te respondera si es su deseo.
Por Rogelio Aizpurua | 26 de Febrero 2008 a las 10:29 AM
Al parecer, según testigos, el Padre Kolbe se dedicó, en sus últimas horas, a alentar a los compañeros de barracón que iban a compartir su mismo destino. Es más que probable que entre ellos hubiera algún judío. Tal vez entonces, tan cerca del final, los prejuicios (si es cierto que existieron) se transformaron en sencilla y práctica conmiseración. Así que opino que lo mejor es dejar los juicios de valor para Áquel que conoce con total precisión el peso de los dos platillos de la balanza.
Por Ester | 8 de Abril 2011 a las 05:41 AM