¿Sabías que el 15 de abril de 1912 no se hundió el Titanic, sino su hermana mayor (de edad), el Olympic? Sí, hombre, resulta que J.P. Morgan quiso ahorrarse el dinero de reparar el Olympic, y aprovechando que ambos estaban en los astilleros, los cambió. Instruyó al inepto capitán Smith que hundiera el transatlántico, pero en el plan se interpuso un iceberg. Morgan, que tenía los mejores camarotes (los que ocuparía Kate Winslet ficcionalmente en la peli) se declaró indispuesto y se quedó en Francia.
Y prepárate, porque el 22 de noviembre de 1963 una conspiración enorme mató al entonces presidente de EE.UU., John F. Kennedy, en Dallas.
Era una operación del complejo militarindustrial del país, que pudo cometer magnicidio de manera quirúrgica pero no tuvo tanta suerte en Vietnam. Luego Oliver Stone, siervo de la paranoia, sacó un filme al respecto con tantas inexactitudes que hizo falta un libro para detallarlas. Pero no importa, «algo pasó».
Para colmo, mi querida Pilar Urbano nos cuenta que el 11-S contra el Pentágono no se estrelló el vuelo 77 de American Airlines, sino un misil. Eso ha quedado «más que demostrado» en un vídeo recién entregado por el Departamento de Defensa. Los impulsores de esta teoría dicen que no se encontraron restos del Boeing 757 en el Pentágono. Suponiendo que esto fuera cierto (que no lo es), ¿dónde fue a parar el vuelo 77? La desambigüedad de estas teorías apuntan a todo (fue disparado por misiles de defensa, uno de los cuales impactó en el Pentágono), pero no suelen convencerme.
En otra, un director de periódico insiste en que no solo un partido, sino todo un ejecutivo y poder judicial, conspiran para ocultar la verdad de un terrible atentado efectuado en varios trenes. Y ha metido en la olla a la Orquesta Mondragón y todo.
El problema de estas teorías es que son como una religión y no tienen nada de empíricas. Si te lo crees, hay que seguirlas hasta casi las últimas consecuencias. Muchos que han visto JFK de Stone, leído Tras la pista de los asesinos del fiscal Garrison, o últimamente cualquier diario que monte campañitas, pensarán que está todo perfectamente documentado.
Pero les recuerdo la máxima de Napoleón, que también se ha visto enredado en un par de conspiraciones (en una fue envenenado y en otra sencillamente fue una invención para justificar el equilibrio de potencias tras el Congreso de Viena): «No atribuyan a la maldad lo que puede ser explicado por la incompetencia». Todos los que crean que el gobierno tiene esa capacidad para hacer las cosas tan bien no han estado mucho tiempo en cualquier ministerio, delegación o consejería presentando instancias o tramitando documentos.
Una cosa es que las circunstancias no cuadren lógicamente (que sucede muy a menudo en asuntos grandes y pequeños), otra que a consecuencia de ello se haya falsificado u ocultado una mano siniestra.
P.D. Es cierto que en el cabello de Napoleón han aparecido rastros de arsénico. Pero la misma prueba tomada en pelos de otros años (1805 y 1814, por ejemplo), también da muestras de arsénico.

Comentarios ( 1)
la manipulación por burda que sea está al orden del día, pero conviene no olvidar que siempre se sirve de un vehiculo, los medios de difusión, prensa, radio, tv, etc. Hay muchos complices por acción y por omisión. Luego no vale quejarse
Por javier | 23 de Mayo 2006 a las 08:00 AM