Hace algunos meses comentaba con mi hermano Alejandro que cierta película tenía muy buena fotografía y una excelente interpretación, cosas en las que me fijo no porque sea un experto sino debido a un entrenamiento de uno delos mejores críticos de cine que he conocido: René Jordán.
No me daba clases ni nada por el estilo, sencillamente durante años tuve que transcribir sus reseñas, escritas en máquina de escribir y enviadas por fax, hasta que el diario le convenció para que utilizara un ordenador.
Al tener de por sí cierta sensibilidad, a veces se me elude el concepto principal y más importante de una película: ¿es un tostón (rollo) o es buena? Sé que muchas de mis películas favoritas (Magnolia, Eternal Sunshine of the Spotless Mind, The Aviator) pueden ser clasificadas como tostones, y de hecho, a juzgar por la recaudación que tuvieron, lo fueron.
Lo mismo creo que le va a pasar a Steven Spielberg con Munich. Es la historia de Avner Kauffman (Eric Bana) y cómo el encargo de vengar los atentados de Munich contra el equipo olímpico israelí sufre una crisis de credibilidad.
La trama se puede contar en una oración, pero a Spielberg le fue imposible relatarlo en menos de dos horas y tres cuartos. Y ahí radica el problema principal: debido a que sus metrajes son larguísimos, una historia semihamletiana de justiciero vacilante se puede hacer eterna. Y se hace.
Munich no tiene una finalidad concreta, cosa que siempre ha ayudado a Spielberg en sus películas más largas. No hay una lista de gente a quien rescatar, ni un soldado Ryan a quien salvar, ni un campo japonés de prisioneros del que salir, ni un proceso que libre a unos esclavos, ni un marido tiránico al que evadir.
La falta de premura mata lentamente a Munich, que de un atentado casi hitchcockiano pasa a otro meticulosamente contado, a otro, y así. Spielberg demuestra que sabe hacer películas y hasta hace alardes insufribles de estilo, pero no cree en la brevedad.
Quizá la falsedad más grande es que trata el tema de manera imparcial. La óptica que se utiliza es la israelí, tanto así que las dudas de Bana son absolutamente inexplicables no solo para sus seres allegados sino para el público. Una conversación de tres minutos con un palestino no borra la simpatía que el filme brinda a Israel. Que a Spielberg no se le haya ido la mano con la parcialidad lo acepto, pero nada más.
Esta vacilación del personaje de Bana, hace que la película, como él, acabe en un callejón sin salida. Y es una lástima, porque el tostón podría haber sido rico.
No digo que Munich sea una película mala, no lo es ni por asomo. Tiene una fotografía exquisita, ambientación envidiable e interpretaciones (las de Ciaran Hinds y Geoffrey Rush, sobre todo) inolvidables. Es sencillamente un triste dictamen que con Spielberg se repite cada vez más: podría haber sido mucho mejor.
Termino con una relación de las películas más largas de Spielberg.
| Película | Duración |
| Schindlers List | 3:15 |
| Munich | 2:44 |
| Saving Private Ryan | 2:40 |
| Empire of the Sun | 2:34 |
| The Color Purple | 2:34 |
| Amistad | 2:32 |
| AI | 2:26 |
| Minority Report | 2:25 |
| Hook | 2:24 |
| Catch me if you can | 2:21 |
| Close encounters | 2:12 |
| The Lost World | 2:09 |
| Terminal | 2:08 |
| Jurassic Park | 2:07 |
| Indiana Jones | 2:07 |
| Jaws | 2:00 |
| Temple of Doom | 1:58 |
