La llegada a México fue sin problemas, aunque ya para estos viajes me preparo para lo peor. Pude hacer la conexión en Monterrey con tiempo de sobra y no se pierde el equipaje. Llego a Tepatitlán, donde vive Carlos, a las 11:30 de la noche, bastante cansado.
El domingo intentamos ir a San Juan de Lagos, el segundo santuario más visitado en México después del de la Virgen de Guadalupe, pero está imposible el acceso con tanto peregrino que tiene más fe que nosotros y menos afán folclórico.
Poco después llegamos a Lagos de Moreno, un bonito municipio casi escondido. Además de sus preciosas iglesias y tranquilas calles, nos fijamos en el Templo del Calvario, que domina la ciudad desde un cerro al norte.
Se puede decir que es una ciudad del montón, de las que abundan en México, pero confieso que no dejan de abrumarme las maravillas de este país.
