Estoy ojeando y hojeando el Diccionario Panhispánico de Dudas, que a bombo y platillo publica la Real Academia de la Lengua. Me parece que más que un guía idiomático es un escaqueo, enturbiando las dudas. Lo esperpéntico como concientizar queda aceptado, y otras dudas se quedan en el aire. Mucha caña para los leistas como yo, pero otros engendros como reservación, transportación y (ay) desviación brillan por su ausencia. Últimamente la democracia ha alcanzado a los lingüistas, y permiten todo tipo de ambigüedades:
¿Que no te gusta acentuar «sólo» cuando es un adverbio? Pues no lo hagas.
¿Ceviche o cebiche? Tú decides, rey.
¿Setiembre? Pos hala, setiembre.
¿Guión o guion? Como quieras.
Hasta cede en la batalla género/sexo. Se puede utilizar la primera en conceptos sociológicos («violencia de género»).
Para justificar el uso del verbo remover como sinónimo de sacar o quitar, rescata una acepción arcaica y así defiende el anglicismo.
En el pasado, la Academia fue benévola con el usuario ibérico e intransigente con el americano. Pero ahora me parece que está pasando de ser árbitro a mero espectador.
¿Dónde está María Moliner?
