Ayer decidí no esperar a la compañía eléctrica y junto con el señor que me corta el césped aserramos el árbol de mangos. Técnicamente es un delito, pues las ramas estaban pegadas a los cables de la luz, pero me cansé de esperar.
Me ha sorprendido el impacto. Después de haber vivido en un domicilio distinto todos los años durante mi vida adulta (19 mudanzas en 11 años), llegué a esta casa hace ocho años, y aquí me he quedado desde entonces. Aunque no me gustaban los mangos y soy alérgico a su savia, era todo un símbolo de estabilidad.
Y de repente ya no está. Quizá la metáfora tenga otro valor superior, no lo sé, pero ayer entendí un poco mejor a Josh. A veces tomamos las cosas por descontadas, y su ausencia abrupta nos pilla desprevenidos.

Comentarios ( 1)
Qué duda cabe de que esos "paqueños" -tampoco es que sea moco de pavo la broma del árbol y el tendido eléctrico- acontecimientos nos dan a veces motivo para volver a pensar sobre los vericuetos de nuestras vidas. Ojalá que le saques provecho a tu reflexión.
Por Juvenal | 15 de Noviembre 2005 a las 02:47 AM