Me recomendaron en la oficina ir a ver La Cihuacoatl, leyenda de la llorona en Xochimilco, un gigantesco lago con islas en el sureste de la ciudad. Es un punto típico que refleja lo poco que queda de la gigantesca laguna que cubría en su día el enorme Valle de México.
Todo queda como muestra de una idea brillante pero de una implementación que deja bastante que desear. Primero, el taxista nos lleva al muelle equivocado. Después en información nos dicen que el muelle correcto está a «15 minutos caminando». Nos montamos en otro taxi, y creo que hubiéramos tardado casi una hora, pues el muelle Cuamanco está lejísimos.
Después hay que hacer cola. La función es en un islote apartado, y hay que ir en trainera, las típicas embaraciones planas de la zona. Nos pasamos casi una hora en la fila, con un viento frío azotándonos. El viaje en trainera al islote es mágico, con las luces de la ciudad y muy poco más.
Pero al llegar, las traineras se tienen que ajustar en una laguna para ver el espectáculo, y todo es un poco desigual. Cuando una se sale un poco de la formación, los pasajeros de las otras vociferan su protesta. Y después las señoras, en medio de la nada, vendiendo quesadillas, elotes y otras comidas. Le da un toque pintoresco.
La obra, sobre cómo una deidad azteca se convirtió en mera leyenda hispánica, tiene problemitas de implementación, aunque se deja ver (siempre y cuando no se mueva la trainera de la derecha, claro). El final, donde precisamente hace más falta una transición, no se explica muy bien en aras de una incriminación más amplia de la destrucción de una cultura.
Una vez acabada la función, se forma un vivalavirgen. Todas las traineras quieren salir a la vez por un estrecho canal. Muchas chocan, no una vez ni dos, sino veinte o treinta. El kilómetro que hay hasta el muelle se convierte en una desagradable carrera de coches de choque. Choteo un poco y me pongo a silbar la banda sonora de Titanic. Nuestro piloto llega cubierto de sudor, no ha acabado del todo mal en la inútil carrera.
En el muelle, ni un solo taxi. Hace frío (unos siete, ocho grados, con un viento espectacular) y tenemos que andar más de 800 metros hasta el Anillo Periférico para conseguir uno. Desorden en muchos frentes.
