
El único bálsamo (¡pero qué bálsamo!) entre tanta tensión ha sido Carlos, que dejó todo en Jalisco y se vino a quedar conmigo. Ayer domingo tuvimos un día de asueto y nos fuimos al centro, a ver por primera vez (para mí en unos casos, para él en otros) el Palacio de Bellas Artes, El Museo de Minas, El Palacio Nacional, las Ruinas del Templo Mayor, el Palacio Nacional y la Casa de los Azulejos.
Una temperatura excelente y luego un frío impresionante en Coyoacán, con una brisa de esas que bajan del Popocatepetl y te hielan los huesos. Aunque la iglesia del lugar es espectacular, la invasión de tianguis y de estudiantes por todas partes no me impresionó mucho. Ha llovido bastante, creo, desde que Frida Kahlo y Diego Rivera vivieron aquí.
