
El sábado al mediodía fui a Port Arthur, donde Rita tomó tierra siete horas antes, a 160 kilómetros al este de Houston. Los daños e inundaciones de la ciudad de Texas son típicos de un huracán de categoría tres. Algunos tejados destrozados, calles llenas de ramas y postes de luzcaídos, y dos metros de agua en el centro. Lo bueno es que casi todo el pueblo había evacuado, y por eso no hubo que lamentar víctimas mortales. Los poquísimos que se quedaron, estaban arrepentidos. Aparte de la tragedia humana, hay otra: la refinería Valero de Port Arthur, que procesa 255.000 barriles de crudo al día, cerrará sus puertas durante un mes por los daños sufridos.
Las fotos que he sacado están aquí.
