Mazamitla es uno de esos pueblos con dos personalidades, que existen ya en casi todo el planeta: es uno cuando está a solas con sus habitantes, y otro cuando es invadido por los turistas (entre los cuales estoy yo).
Pero como llegamos un jueves por la tarde, podemos ver un poco su estado natural. Rodado de la sierra del Tigre, las montañas están cubiertas de nubes bajas y apenas vemos el sol.
Nos quedamos en una cabaña del hotel Monteverde, y la verdad que todo muy bien. Aunque está un poco lejos del centro del pueblo, es una cabaña agradable (y como toda cabaña de monte, tiene graves problemas de aislamiento y de entrada de aire). Pero no hace mucho frío, aunque Dios me ha castigado al quedarme con alguien más friolero que yo.
En sus restaurantes, los menos turísticos, todavía dos personas pueden comer bien (unos tamales verdes y rojos de aupa)por menos de cuatro dólares.
No he sacado fotos del pueblo porque me parece redundante. Me arrepentiré, pero bueno, dicen que mis fotos fomentan el viaje, y ya este pueblo tiene demasiados turistas.
