Como segunda ciudad de México, Guadalajara no tiene a veces buena prensa. Los chilangos, los habitantes de Ciudad de México, no han dudado en ponerla mal («insegura, congestionada»). Como si el Distrito Federal fuera un oásis de paz y armonía.
Pero es una ciudad espectacular. Perderse en sus plazas y fuentes es una delicia. Es cierto, hoy domingo están concurridas, pero se nota a la legua que es una gran ciudad. No puede ser comparada con la capital del país, pero se nota menos ajetreo e intensidad, pero a la vez menos miedo al salir.
La Plaza Tapatía tiene nueve manzanas de longitud, culminando en el espectacular Hospicio Cabañas. Es la estructura favorita de Carlos, en una ciudad monumental. Me arrepiento mucho de no haber pasado por aquí hace cinco meses. Pero por lo menos estoy aquí ahora.
