Hace ya nueve días que el huracán Katrina pasó cerca de Nueva Orleáns, y sus secuelas han destruido prácticamente la ciudad. Lo que no se comenta todavía es que el moho, tan pertinaz y corrosivo en el Sur, acabará causando la destrucción de prácticamente todos los edificios que están sumergidos. O sea que el 80 por ciento de Nueva Orleáns, el que está bajo agua, probablemente tendrá que ser derribado.
Existen numerosos paralelos de culpa y responsabilidades a Bush, casi todos falsos o mal pensados. Ya sé que es difícil creer que iba a defender al presi, pero es cierto: esto no se debe a una guerra de clases silenciosa, ni a un racismo solapado del mandatario y de su administración.
La explicación, una vez más, la tiene Napoleón: No se debe atribuir a la maldad lo que puede ser explicado por la incompentencia. Sencillamente, es la aplicación de la inepta estrategia de Irak a una ciudad de Estados Unidos.
Ha sido la centralización del poder en manos de una agencia y ministerio, algo a lo que Bush se opuso en un principio, para hacer el paripé de que hay seguridad y coordinación. A su frente, se ponen a compinches políticos, como Michael Brown, que antes de dirigir la importantísima FEMA fue el abogado de una asociación de caballos árabes.
El resultado es caos. Se puede decir que todo era inesperado (falso, hay informes por doquier que denunciaban y vaticiniban la situación), que no es parte del rol del gobierno federal hasta que pidan ayuda local (falso, el plan de estrategia de 2004 describió a Katrina a dedillo), que las autoridades locales son incompetentes (cierto, pero eso no justifica mucho) o que era algo de fuerza mayor.
Pero al asegurar lo último, sustiyamos hipotéticamente un huracán con una detonación nuclear, el miedo máximo del terrorismo. La reacción hubiera sido tan desastrosa. Todavía no hay refugios para los habitantes de Nueva Orleáns, en cuyos barrios es como si hubiera caído una bomba.
Aquí detallo los errores más graves de FEMA, errores que han causado la muerte directa o indirectamente de cientos de personas.
Cuando Bush invadió Irak, pensé que era una estrategia maquiavela para apoderarse de la nación árabe, y que todo saldría como la seda. La incompentecia dejó su huella. Al ocurrir un desastre como este, pensé que la respuesta federal, lubricada con cientos de millones de dólares, sería apabullante, una especie de desfile sobre la seguridad nacional.
Una vez más, la incompetencia desborda mis esperanzas. Ni para hacerlo bien sirven. Además de equivocados, son malos. Y sus chapuzas cuestan vidas.
Greg Mitchell, el editor de la revista Editor and Publisher, la más prestigiosa sobre la industria periodística estadounidense, lo resume mejor que yo:
Esto no es sencillamente incompetencia, es negligencia y derelicción de poder.
Me temo que en los próximos años hablaremos de un antes y después de Katrina, como baremo del final del apogeo político de Bush, y del inicio de una larga crisis económica en Estados Unidos.
P.D. Me he topado con una máxima del autor Arthur C. Clark que soslaya la de Napoleón: Cualquier ineptitud suficientemente avanzada es indistinguible con la maldad.

Comentarios ( 1)
...Y heme aquí todo sorprendido porque cuando leí el título de tu post, lo primero que pensé fue "ya se había tardado en comentar de la ineptitud de Bush". Y mira.
Pues, honestamente, me parece una desgracia todo lo que pasa en Nueva Orleans, y es una lástima que ciudad tan bella quede tan destruida. Su reconstrucción va a ser toda una jornada (y con los 40,000 millones que acaba de pedir Bush al Congreso). Pero al final, lo qué más me sorprende es cómo un huracán en Louisiana puede convertir al primero de los países primermundistas en tercermundista. O eso creo yo.
Saludos!
Por Ayotl | 7 de Septiembre 2005 a las 11:05 AM