Hoy he vuelto sin planificación alguna a México, mi tercer viaje al país en menos de seis meses. Los dos primeros fueron de placer, pero este verdaderamente no lo es: debido al posible impacto del huracán Rita en Miami, me voy a tierra firme sin huracanes (aunque con temblores, eso sí) a coordinar el posible esfuerzo editorial si la redacción central de Univision.com se queda fuera de servicio, como ocurrió con Katrina.
Estoy cansado, la noche pasada fue bastante intensa, entre posibles trayectorias y demás. Me estoy quedando enfrente de nuestras oficinas en el imponente Paseo de la Reforma, frente al Ángel de la Independencia. Fue el primer lugar que conocí de México hace 17 años, y después de tanto tiempo regreso al Sheraton María Isabel. Aunque verdaderamente no quiero hacerme el viaje, en cierto modo me alivia irme. Lo peor que puede pasar es que nos quedemos otra vez varios días sin luz, y eso para mi malacostumbrado tren de vida es mucho pedir. Por lo menos veré el Ángel iluminado, y rezaré para que Rita no cobre mucha fuerza.
El aeropuerto internacional Benito Juárez ha sido de pesadilla. He tardado casi dos horas en salir, y eso que no he facturado equipaje.
Pero no me hago ilusiones. La temperatura del agua en el Estrecho de la Florida, frente a las Bahamas, era hoy de 31 grados. Eso es un multivitamínico para un huracán. Y si el pronóstico se desvía unos kilómetros hacia el norte...prefiero no pensarlo.
Estaré en el D.F. hasta el viernes, siempre trabajando. Espero irme una de estas noches al Tenampa, a ver si puede ser. Lo único que tiene el menú del Tenampa es tequila.
