Como ya expliqué en otro post, los modelos de huracanes son todos informáticos, y el Centro Nacional de Huracanes, la máxima autoridad meteorológica del momento, emite trayectorias con un amplia orquilla.
Esta vez se equivocaron. Katrina no fue en dirección oeste como pronosticaron, sino una vez que pasó, literalmente, por encima de mi casa, se fue hacia el sur, hacia Miami, que no esperaba un huracán.
La ciudad está paralizada. Más de un millón de personas sin luz, sin ese aire acondicionado que hace que el trópico sea más habitable. Pocas gasolineras tienen combustible. El hielo se convierte en un objeto de lujo, las calles tienen gigantescos árboles caídos. Por una céntrica avenida cercana a mi casa cuelga un cable, con un cartel de aviso. Está a un metro del centro del carril izquierdo. Si no te fijas al conducir, puedes acabar electrocutado. Esto no pasa inmediatamente después, sino casi a las 24 horas.
La gente, acostumbrada a la comodidad y a la eficacia de la ciudad, de repente exige responsabilidades a las autoridades. Ya veremos.
