Ayer fui con Alain a la playa más cercana que tengo. Resulta que es nudista, pero bueno, soy todopudoroso y me llevé el bañadador y la camisa. Una señal clara de que no voy casi nunca a la playa es que no tengo ni bronceador. Como Alain lleva sombrilla, pues nos vamos.
La playa está casi llena, y eso que son las dos de la tarde y hace un calor de... de las cosas que vemos a granel en dicha playa. Me echo, descanso y me pego un chapuzón, aunque hay demasiado oleaje. Apenas tomo 15 minutos de sol, un poco más en las piernas.
A las tres horas, el resultado: Las piernas rojas como tomates. La cara un poco colorada.
Pero me ha sentado de lo más bien. En estos días en que los seres queridos te estudian forénsicamente para ver si vas camino al patíbulo emocional o sencillamente avanzas por la vereda tropical, como afirmas, pues da gusto sentarse y relajarse.
Creo que iré más a menudo. Me da vergüenza decir que llevaba casi una década sin ir a la playa en Miami.

Comentarios ( 1)
Qué bueno que te la pasaste bien. Yo ando igual de colorado.
Saludos!
Por Ayotl | 23 de Julio 2005 a las 11:40 PM