Desde que he vuelto de Madrid (24 días) ha llovido todos los días en Miami. Creo que va a ser el mes de junio más mojado de la historia de la ciudad, lo cual es decir mucho. Estos 23 días ha llovido más que lo que suele llover en Madrid en todo el año (442 mm2 contra 436mm2).
El contraste es importante, porque al pasar por los campos de la cuenca alta del Tajo, y ver los embalses casi vacíos, confieso que no quisiera pasarme el verano de sequía en Madrid. Otro dato: ayer hizo más calor en Madrid que en Miami, y por mucho: casi una diferencia de 8 grados.
Toda esta lluvia también genera disparates. Si llueve mucho en junio, dicen, las posibilidades de que venga un huracán son escasas. Es cierto que históricamente la teoría aguanta, pero no por las razones dadas («hace más fresco y los huracanes no se forman»).
Los huracanes no se forman cuando hace «fresco», que en el Caribe en verano viene a ser unos 28 grados a la sombra, eso es cierto. Pero sólo hace fresco cuando llueve, y los huracanes no se forman en el centro de Miami, sino en alta mar, donde hace calor. Con solo un día que no haga fresco, un huracán puede entrar.
Simplifico los conceptos meteorológicos, pero a fin de cuentas, es lo que importa. Históricamente, las cosas no han pasado hasta que de repente ocurren. La última semana de junio de 1992 fue una de las más «frescas» de Miami El 25 de ese mes, la máxima solo llegó a los 26 grados. Dos meses más tarde, tuvimos un visitante llamado Andrew.
